Con la llegada de la Semana Santa a Madrid, se inicia un tiempo de profunda tradición y significado para muchos de sus ciudadanos. Durante estos días, las calles se preparan para transformarse en escenarios de legado y emoción, con procesiones y actos que reflejan siglos de historia y devoción.
Juan Manuel García Gay, hermano mayor de la Hermandad del Divino Cautivo y capataz, define la Semana Santa como un momento crucial en la vida de un católico, donde se rememora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. “Es una vivencia intensa que, aunque conmemora hechos duros, acaba en la alegría que da sentido a nuestra religión”, dice.
La singularidad de la Semana Santa desde una hermandad
García Gay explica que las hermandades surgieron hace siglos como un instrumento educativo que permitía enseñar al pueblo analfabeto la vida del Señor. De este modo, se construye una “catequesis en la calle” a través de imágenes que escenifican una parte fundamental de la historia de la religión cristiana.
“Hay un momento que a mí me emociona muchísimo, que es cuando la hermandad se constituye en cofradía, es muy bonito”, expresa García Gay. En este acto, el secretario pide permiso para salir en nombre de Jesús, el Divino Cautivo. Como hermano de la Hermandad del Divino Cautivo, destaca la pasión con la que se vive esta semana de forma completamente única. Desde el uso del capirote hasta la experiencia de caminar en las procesiones, existe un sentido de intimidad y reflexión extraordinario. “Mientras vas caminando en ese anonimato, te da tiempo a pensar, a rezar y a meditar sobre lo que tú ofreces por el bien de toda la gente a la que quieres”, cuenta García Gay. Para él, los anderos son “los pies del Señor” porque son quienes, a través de su esfuerzo y meditación, se encargan de portar y trasladar la imagen de Cristo por las calles de Madrid.
“Mientras vas caminando en ese anonimato, te da tiempo a pensar, a rezar y a meditar sobre lo que tú ofreces por el bien de toda la gente a la que quieres”, dice García Gay
Juanma García Gay, además, distingue entre la tradición, que es la base religiosa desde hace siglos, y el folclore (saetas, incienso, estética), que sirve para dotar de belleza al acto y atraer tanto a religiosos como a no creyentes. “Creo que es bonito que el creyente lo identifique como algo propio, porque la tradición así lo hace, pero que el que no nos conoce se sienta atraído por eso que está viendo y se interese por saber qué es”, dice.
La hermandad realizó su primera salida en 1945. Originalmente, en la Procesión del Silencio se caminaba desde el barrio de Salamanca hasta el centro de Madrid; sin embargo, el recorrido suponía un esfuerzo inasumible. Debido a esto, García Gay explica cómo el acto se dividió en dos jornadas independientes, y es la única hermandad en Madrid que realiza este doble despliegue. El primer recorrido sale en Jueves Santo y atraviesa las calles del barrio de Salamanca. Asimismo, la segunda parte se realiza en Viernes Santo y procesiona desde la Catedral de la Almudena hasta la Parroquia de San Sebastián.
Otra modificación surgió en 2022, cuando la hermandad decidió realizar la tradición andaluza de llevar la imagen en hombros. García Gay comenta que este cambio resaltó el esfuerzo físico de los “pies del Señor”, y aportó una mayor espectacularidad a la hora de mover los pasos. “La gente ve un esfuerzo físico y la forma de mover los tronos; eso hace que resulte más atractivo y el público lo pida”, dice García Gay.
La Hermandad del Divino Cautivo
El nacimiento de la Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús El Divino Cautivo está relacionado con la Checa de Porlier, edificio embargado en los años 30 tras la ejecución de su comunidad religiosa. Durante la Guerra Civil, el lugar funcionó como una cárcel donde se documentaron las “sacas” de presos para ser fusilados. Como respuesta a estos horrores, un grupo de prisioneros hizo la promesa de fundar una hermandad de penitencia si lograban sobrevivir.
Cumpliendo su promesa, los supervivientes fundaron la Hermandad del Divino Cautivo, nombre elegido por el tiempo que pasaron privados de libertad. La construcción de la talla fue encargada a Mariano Benlliure, escultor famoso de la época, y fue esta una de sus últimas obras antes de fallecer. “Así surgió nuestra hermandad, formada por un grupo de presos que sobrevivieron a la Guerra Civil española”, explica García Gay.
“Lo que pretendemos es que nuestra hermandad sea ese sitio en el que una persona que sale de prisión, y que no tiene nada, pueda encontrar refugio”, cuenta Juan Manuel García Gay
La hermandad está actualmente trabajando en el Proyecto Redemptio, que busca reencontrarse con su identidad fundacional y volver a contactar con personas en prisión. Esta iniciativa, respaldada por el cardenal José Cobo, tiene como objetivo la reinserción social de los presos basándose en tres pilares fundamentales: La hermandad como comunidad, que ofrece un grupo humano de apoyo y refugio; el trabajo, que se centra en las ofertas laborales mediante contactos con empresas y el Ayuntamiento de Madrid; y el alojamiento, lo que facilita soluciones habitacionales a través de Cáritas y estamentos oficiales.
Además, García Gay cuenta que quieren volver a recuperar la tradición de liberar a un preso durante la Semana Santa para que procesione con la hermandad. “Lo que pretendemos es que nuestra hermandad sea ese sitio en el que una persona que sale de prisión, y que no tiene nada, pueda encontrar refugio”, concluye Juan Manuel García Gay.
