“La autoridad de Francisco es para la causa de los refugiados”

Pasa el tiempo y los refugiados sufren ante el desinterés que encuentran en la vieja Europa en su huida ante el peligro de morir y la persecución religiosa que les amenazan. La visita de Francisco a la isla icono de la actual crisis de los refugiados tiene un significado especial por la autoridad del Papa Francisco. ¿Se imaginan hoy a otro líder mundial con una autoridad parecida? La voz de Jorge Bergoglio no es una voz más , que se suma a los innumerables discursos sobre esta crisis humanitaria. Y no lo es por las siguientes razones:

– El compromiso de la acción social de la Iglesia llamada Cáritas, que es la organización humanitaria que actúa en más países del mundo, atendiendo a los necesitados de apoyo y acompañamiento sfrancisco_port(1)in preguntarles por su país de origen y a sabiendas de que en muchas ocasiones son personas ateas o de otra religión.

– La obra social de Cáritas con los migrantes forzosos sencillamente es coherente con las convicciones de la Iglesia que lidera Francisco.

– Por ofrecer un mensaje que expone al mundo la verdad sobre la pertenencia de todos los hombres a una misma familia humana, debido a la igual dignidad que compartimos por el hecho de ser personas.

– Francisco ha lavado los pies a mujeres y hombres de distinta condición social y creencias. Ese gesto repetido en cada Semana Santa no lo hemos visto en ningún otro líder mundial pero, lo más importante es que es creíble porque sus gestos, discursos y testimonio de vida, son coherentes.

– Francisco tiene autoridad porque es creíble. Puede clamar justicia y solidaridad de todos nosotros porque nadie duda que él ya busca la justicia y practica la solidaridad . Y no cualquier tipo de solidaridad, el Papa nos propone la acogida como respuesta humana basada en un mensaje: “fui extranjero y me acogisteis”.

– La autoridad del Papa sobre los refugiados debe encontrar en Europa un cambio de actitud de todos nosotros para ponernos en el lugar de las familias refugiadas y clamar a nuestros representantes que ejerzan su autoridad para cambiar las cosas; una autoridad, si fuera posible, tan creíble como la de Francisco.