Desmemoria, sectarismo y, sobre todo, ignorancia

Se ha montado una exhibición en la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor de Madrid, intitulada “No pasarán” para -se nos pretende hacer creer- rememorar la Defensa de Madrid del otoño de 1936. Me permito aconsejar a quien lea estas líneas que se abstenga de acudir y perder el tiempo. No es que asistamos a un montaje sectario, que lo es. Su mayor problema es que es malo, muy malo. Insulso, nada novedoso en sus contenidos y, por tanto, previsible, falto de muchos de ellos esenciales, con falsedades, ocultaciones… un desastre.

Lo primero que lees en la entrada es un panel que miente cuando afirma que los defensores de Madrid combatieron contra “fascistas” (algo que pertinaz en su ignorancia, reitera en otros). Quien atacó la capital en noviembre del 36 fue un ejército regular escasamente participado con milicias y esas pocas, desde luego, no de ideología fascista en prácticamente ningún caso. Es, de nuevo, ese topicazo poco riguroso de calificar de fascista al bando sublevado, por mucho que la propaganda de la época hablara en esos términos. Era propaganda como la del Franquismo calificaba de “rojos” a todos los de enfrente y era falso. El principal objetivo de este montaje es contar que aquella heroica -porque lo fue- defensa de la capital fue obra exclusiva del pueblo o de los milicianos de las organizaciones del Frente Popular. Seamos serios. Milicias, desde luego que las hubo e ineficaces muchas veces también, pero Madrid lo salvó la eficacia de militares bien preparados con Vicente Rojo a la cabeza que actuó de forma brillante y fue capaz de obrar un “milagro”: salvar la capital. Y apenas hay referencias a lo militar.

“Según los responsables, parece que únicamente hubo víctimas entre los defensores que combatían en el frente de los límites de la ciudad o las que lo fueron por los bombardeos”.

Alrededor de esta principal falsedad, el sectarismo de los responsables de este montaje añade otras muestras de desmemoria culpable. Según los responsables parece que únicamente hubo víctimas entre los defensores que combatían en el frente de los límites de la ciudad o las que lo fueron por los bombardeos. Únicamente encontramos siete líneas (contadas) en un panel como toda alusión al gran contingente de madrileños partidarios de los sublevados que o bien permanecían escondidos esperanzados en el éxito del ataque, o bien padecieron la salvaje violencia política desatada contra ellos articulada en torno a decenas de “checas” distribuidas por la ciudad que ejecutaban sin formación de causa cada madrugada. Como tampoco nada se cuenta de esos madrileños que en esos 16 días de otoño del 36 se unían a las organizaciones clandestinas de la quinta columna, algunas ya operativas otras en proceso de formación, y que combatían desde dentro contra los defensores de Madrid.

Y peor es la ignominia, desvergüenza o desahogo con que se tergiversa el relato de los episodios de las sacas de presos de las cárceles madrileñas. Todo ello es también el Madrid del “No Pasarán”, el que lo sufrió. Hay una explicación para este ejercicio de desmemoria. Veamos. Hace un año el Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid nos convocó a especialistas en la Historia de Madrid y allí estaban Ángel Bahamonde, Jesús A. Martínez, José Álvarez Junco, Octavio Ruiz Manjón, Fernando del Rey… personas de reconocido prestigio y solvencia en el conocimiento de la Historia contemporánea de la capital. Pero no se ha contado con ellos y se ha encargado este montaje a un profesor del Maresme catalán cuya, aun escasa producción investigadora sobre la Guerra Civil, es una tesis doctoral sobre milicias en Cataluña en 1936, defendida en la Universidad de Barcelona hace tan solo un año, un libro sobre la guerra civil en Villasar (Barcelona), algún otro como coautor y un puñado de artículos. No extraña pues que ignore o, en su desmemoria, olvide buena parte de la auténtica realidad en ese Madrid del “No pasarán”. El resultado es por ello prescindible, es decir, para sí pasar de él.