De clic en clic

Que la dictadura del clic es una de las grandes amenazas del periodismo actual no lo discute nadie. Prueben a entrar en los principales periódicos de nuestro país a buscar las noticias más leídas y verán. Les pongo el ejemplo de este jueves cualquiera de enero. En El Mundo: “Los rusos nacidos tras 2014 no podrán fumar ni al llegar a adultos”; en El País: “Ocho hábitos que creíamos que eran saludables y sería mejor dejar de inmediato”; y en ABC: “Los españoles incluidos en la lista Forbes de los menores de 30 años más influyentes”.

“Clic, clic, clic, en eso estamos convirtiendo el periodismo, en una sucesión de pinchazos, de golpes de ratón, como si los escasos euros que eso provoca fueran a salvar un negocio que necesita de una reflexión mucho más profunda”.

¿Son realmente estos los temas que más interesan a los españoles? Podría decirse que sí, ya que, y esto es un hecho, son las historias que más se han consultado en la prensa de Internet. A decir verdad, esos temas están disfrazados; es decir, el interés de la noticia decae en cuanto uno pincha en el enlace y empieza a leer. Son temas que no duran más de cuatro o cinco líneas, ahí acaba su interés, pero que han sido encabezadas por un titular ingenioso capaz de alienar nuestra inteligencia y hacerla decaer ante el morboso espectáculo de lo extravagante. Porque la curiosidad, admitámoslo, es una cosa muy humana. Nos ayuda a descubrir la verdad, pero también nos decepciona. Y los hacedores de titulares, que ahora son más técnicos que periodistas, lo saben. No hay como introducir en un titular elementos relacionados con el sexo, el misterio, la salud de nuestros hijos o el cotilleo para provocar en el lector, hijo de su tiempo, lleno de ruido, impaciente y estresado, la imperiosa necesidad de pinchar. Como no amamos nuestra realidad, de hecho la detestamos, buscamos paz en sitios lejanos e inalcanzables, como si aquello que nunca seremos nos endulzara lo que realmente somos.

El problema es que cuando haces clic, ya no hay stop, se ha iniciado la imparable rueda de lo accesorio. De una noticia te llevan a otra más ridícula aún, y de esa, en una pirueta hipervinculada, acabas en un estercolero digital con cara de bobo y preguntándote cómo has terminado ahí, leyendo cuál es  “el consejo de la Policía Nacional sobre los gatos, el frío y los motores que triunfa en Twitter”. Porque esa es otra, de enlace en enlace y tiro porque me toca, los hacedores de titulares van apurando su maligno ingenio. Ya no es que en el titular no haya noticia, como mandan los lógicos cánones de nuestra amada profesión, sino es que la esconden abyectamente para que pinches. Clic, clic, clic, en eso estamos convirtiendo el periodismo, en una sucesión de pinchazos, de golpes de ratón, como si los escasos euros que eso provoca fueran a salvar un negocio que necesita de una reflexión mucho más profunda.

“De una noticia te llevan a otra más ridícula aún, y de esa, en una pirueta hipervinculada, acabas en un estercolero digital con cara de bobo y preguntándote cómo has terminado ahí”.

Pero volvamos al ejemplo de este jueves de ola de frío, en el que he cometido el error de pinchar el enlace que, debajo de una crónica política que estaba leyendo, como si fuera una noticia relacionada, se imponía al resto. A saber: “Shakira es criticada en Instagram por esta fotografía”. ¡Ya está activado el carrusel! Lo reconozco, soy culpable: no he podido resistir la tentación (ay de mis inmensas debilidades como hombre) y he picado. Tras descubrir la historia absurda de la mujer de Piqué, aún no decepcionado del todo, he pinchado en otro enlace que me he encontrado en esa página y he acabado en otra: “Sanidad retira del mercado este líquido de limpieza de lentillas”; ¿pero si yo no uso lentillas? Da igual, el titular esconde la noticia, como en el caso de Shakira, y mi natural curiosidad ha seguido el clic, como si fuera un camino de baldosas amarillas. Les reconozco que mi recorrido por el extraño espacio de lo innecesario ha seguido hasta límites poco pudorosos: “La historia de esta madre explica por qué debes vacunar siempre a tus hijos”; “La indignante paradoja planteada por Wyoming tras la ‘benévola’ condena a los exdirectivos de Nova Caixa”; “Bouchard causa sensación con su sugerente modelito en el Open de Australia”; “¿Cuál es el mejor asiento de avión?”. Y al fin, como si despertase de una pesadilla terrible, en la que preso de mis instintos más subconscientes me hubiera sido arrebatada mi libre voluntad, he despertado y me he dado cuenta, de repente, de que me da igual el sitio de avión más seguro, no me interesa nada lo que diga Wyoming y no sé quién es Bouchard.

Dejó escrito Kapuściński: “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. Da la impresión de que las cosas han empeorado: ni verdad, ni información. El negocio está ahora en el maldito clic.