Amor en el desierto

Cecilia Solana, alumna de 2º de Periodismo de la UFV, cuenta su experiencia en una peregrinación a Tierra Santa organizada recientemente por la universidad.

Todos los viajes esconden una magia aún por descubrir. Los días previos se producen en ti expectativas y castillos en el aire crecen a cada segundo que pasa, quitándote incluso las ganas de dormir. Israel es un país que esconde un tipo de magia especial. Un país lleno de contrastes y conflictos, de culturas y preguntas por responder.

Aterrizas en Tel Aviv. Una ciudad con rascacielos mirando al mar. En sus sombras se oculta el misterio que todo el país alberga. Una ciudad oriental con apariencia de occidental. Apariencia de puede ser, pero ¿será? A cada paso que das, descubres que el dicho tiene razón: las apariencias engañan.

Dentro de ti surge el diálogo. Una conversación que se adentra en los recovecos mejor escondidos, para después abrirlos al público, sin remedio. Sientes la necesidad de huir, pero no tienes escapatoria. Así es que, no solo das comienzo a un viaje por territorio desconocido, sino a la mayor de las aventuras.

Una aventura que se inicia con inseguridades y miedos. Replanteándote dudas anteriormente ya formuladas y descubriendo heridas que creías sanadas con resquicios de algo no tan lejano en el tiempo. Todas esas dudas tienen un nexo común: el amor.

El ser humano tiene la necesidad de dar respuesta a cuestiones últimas, más si se encuentra en la tierra donde prácticamente la cultura tiene origen. Los temores reaparecen y afirmaciones como las de Montanelli, periodista e historiador italiano, pasan como un rayo por la mente: “Si mi destino es cerrar los ojos sin haber sabido de dónde vengo, adónde voy y qué he venido a hacer aquí, más me valía no haberlos abierto nunca.”

“El silencio te grita muy fuerte al oído y en la colina más alta alguien te espera para darte la mano”.

Pero más turbación produce la posibilidad de que todo lo que has hecho hasta el momento no tenga sentido alguno. Que tus errores no tengan arreglo y que tus imperfecciones no puedan ser aceptadas por nadie más allá de ti mismo, si es que en algún momento lo consigues.

La batalla da comienzo, como una ola que te invade, pero sin previo aviso llegan unas palabras que consiguen calmar la tempestad que habita en tu interior: “Hay alguien que te ama sin condiciones, que te acepta tal y como eres y no le importa si tú no eres capaz de devolverle todo ese amor de la misma forma. Hay alguien que vela por ti y te acoge a pesar de ser imperfecto.” Un remolino de emociones estalla en tu interior y, sin darte cuenta, todas las vacilaciones que has podido tener hasta el momento cobran sentido.

La conversación que tanto rechazo te producía se convierte adictiva, y cuando llegas al silencio del desierto, te ves envuelto en un carnaval de sensaciones. El silencio te grita muy fuerte al oído y en la colina más alta alguien te espera para darte la mano. En ese momento te sientes apabullado. Inconsciente de todo lo que en ti sucede, pero en el pasar de los días descubres que habías emprendido un viaje solo, y vuelves acompañado.

Cecilia Solana, alumna de 2º de Periodismo de la UFV.