Padre Ángel: “El que no ame y no quiera está muerto”

Ángel García es presidente de la ONG Mensajeros de la Paz y sacerdote de la Iglesia de San Antón de Madrid.

El padre Ángel, durante una conferencia de Mensajeros de la Paz. Fotografía de la Fundación Cajasol.

En la calle Hortaleza número 63, en Madrid, un hombre mayor que viste con un traje negro, una corbata roja algo suelta y una sonrisa que cubre su rostro acoge en su iglesia a todo el que lo necesite. Hace 81 años, Ángel García Rodríguez, o como él prefiere que le llamen: el padre Ángel, nacía en el asturiano pueblo de Mieres.

De origen “humilde y obrero”, cuenta cómo sus padres trabajaban en la fábrica y en la mina de su localidad natal. El padre Ángel recuerda, sin dudarlo un instante, el momento en el que decidió ser sacerdote: “cuando tenía ocho años vi al cura de mi pueblo, que era un tío bueno, y pensé que quería ser como él, un tío bueno”. Entre risas, comenta cómo la mayoría de los niños quieren ser futbolistas o médicos, mientras que él tenía claro desde el primer momento que quería ser sacerdote.

“Ojalá sea un referente para los jóvenes”.

El padre Ángel es el presidente y fundador de la ONG Mensajeros de la Paz, sacerdote de la Iglesia de San Antón de Madrid y fue galardonado en 1994 con el premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Aun con todas estas labores filantrópicas, asegura, con una pequeña carcajada, “ojalá sea un referente para los jóvenes”.

El padre Ángel, con un tono tierno, explica que creó Mensajeros de la Paz en 1962 porque entendía que era la única forma de poder “hacer las cosas sin llegar a entrar en política”. A finales de 2016, comenzó un nuevo proyecto llamado Robin Hood. En él, el padre Ángel otorga a los más desfavorecidos la posibilidad de comer con manteles, servicio, cubiertos que no sean de plástico… para, así, dar “más dignidad” a los necesitados. A sus 81 años, pero con una mirada aniñada, asegura que su labor no tiene una ‘fecha de caducidad’.

Responde, risueño y despreocupado, a las críticas de varios vecinos que le señalan como el foco de problemas del barrio: “tienen razón, pero los pobres existen y vamos a seguir”.

“Hay que saber la edad que uno tiene para seguir caminando. Aunque tengas 15 años o 90 puedes seguir haciendo el bien”, indica el padre Ángel mientras sonríe y se frota las manos contra el pantalón. Afirma, rotundamente: “quien no ame y no quiera está muerto, mientras estemos vivos debemos seguir queriendo a la gente”.Cuando le preguntan por temas relacionados con la Iglesia como institución comienza a juguetear con su llavero. “Yo no sé si la Iglesia católica representa a todos los creyentes”, apunta con un tono más serio. También entiende la imagen negativa que parte de la sociedad tiene acerca de la Iglesia, al fin y al cabo, “es una institución personal”.

En cuanto a su relación con Dios, el padre Ángel asegura que ha sufrido alguna crisis de fe en su vida y, a veces, no es capaz de entender sus decisiones: “cuando se mueren los niños, hay guerras, esos terremotos… en esas ocasiones no entiendes a Dios”. De forma jocosa, comenta que eso le ha pasado hasta al mismísimo Jesús. Cuenta que hay una pregunta en especial que nunca ha conseguido responder, esta se la hizo “un chaval que casi no sabe leer ni escribir” y dice así: ¿para qué existe el diablo si Dios ya premia y castiga a la gente?”.

Ángel García Rodríguez, quien se declara fiel amante de la gaita asturiana, mientras se pone en pie y sacude su traje, confiesa que quiere ser recordado como “un buen tipo”.