Las víctimas de ETA piden no legitimar a la banda en su despedida

La organización terrorista vasca lanzó el miércoles 2 de mayo un comunicado y celebró el viernes 4 un acto de despedida donde informa de su disolución y expone los motivos de esta.

Euskadi Ta Askatasuna (ETA) perpetró, el 16 de marzo de 2010, su último atentado mortal. Casi siete años después del anuncio del cese de su actividad, el grupo terrorista comunicó su disolución a través de una última carta, fechada el 16 de abril. Con esta misiva, que no vio la luz hasta el 2 de mayo, ETA informó del “final” de su “trayectoria”, sin abandonar “la lucha por una Euskal Herria reunificada, independiente, socialista, euskaldún y no patriarcal”.

Dos días después de la difusión de la carta, el 4 de mayo, se celebró el que, según expresó la propia banda, fue el acto de disolución oficial de la banda terrorista. En Kanbo, una localidad vascofrancesa cerca de Bayona, se firmó el acta final definitiva de ETA. Sin embargo, para dirigentes políticos como el exministro de Interior Jaime Mayor Oreja, o algunas víctimas del terrorismo, el final de ETA como proyecto aún no está escrito.

El evento fue catalogado como un momento histórico por la mayoría de sus asistentes. Irati Agorria Cuevas, una joven de Guernica, fue la encargada de leer el manifiesto original en euskera; el político mexicano Cuauthémoc Cárdenas lo leyó en español; el exdirector general del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus, lo hizo en francés y, por último, el diplomado irlandés, Jonathan Powell, lo leyó en inglés.

Reacciones de escepticismo
Jaime Mayor Oreja, exministro de Interior entre 1996 y 2001, ha preferido referirse a esta “muerte” de la banda terrorista como una “metamorfosis”. “ETA lo que ha hecho es, como proyecto político, legalizarse y legitimarse. Como organización, hacía tiempo que ha decidido que puede romper sin matar”, ha declarado el exministro en una entrevista en Mirada21.es.

“A los terroristas no se les puede premiar nunca por dejar de matar”, asegura Carmen Imaz, presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo de Navarra e hija del comandante Joaquín Imaz, asesinado por ETA el 26 de noviembre de 1977. Desde su creación, en 1959, a la organización terrorista vasca se le atribuyen 853 víctimas mortales y más de 6.389 heridos en sus atentados.

Cincuenta años de terror no son fáciles de olvidar. Supervivientes que resistieron a los atentados; viudos que perdieron a sus parejas por culpa de estos actos; huérfanos, niños que crecieron sin padres, otros sin hermanos… Ver que el grupo que les hizo vivir atemorizados durante tanto tiempo vuelve a encabezar las portadas de los principales diarios no es tarea fácil, afirman las víctimas consultadas. “No se debería permitir tanta cobertura al terrorismo, solo es una forma de seguirles el juego de la propaganda. Si ellos quisieran realmente desaparecer, habrían hecho un único comunicado y nos habrían ahorrado el sufrimiento de verles continuamente en los medios”, sentencia María del Mar Blanco, presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo y hermana de Miguel Ángel Blanco, concejal secuestrado y asesinado por ETA el 12 de julio de 1997.

La atención psicológica no suple todos los traumas. “Hay mucha gente que está al borde de la depresión. Todavía hoy, yo paso del grito al llanto”, confiesa Carmen Imaz sobre su estado. En este sentido, la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha pedido al Gobierno que “tome la iniciativa para neutralizar” lo que califican de “campaña propagandística orquestada por ETA con la única finalidad de venderse a la comunidad internacional como si ellos fueran los buenos”. La AVT recuerda que los terroristas no han entregado las armas, no han ayudado a esclarecer los crímenes sin resolver y no han pedido perdón a todas las víctimas. “Exigimos al Gobierno que no nos quite nuestro derecho a la foto de la derrota de ETA”, concluye el comunicado.

¿Qué es el perdón?
Según el exministro Mayor Oreja, “el perdón es un sentimiento personal e intransferible. No es un proyecto político, es una actitud que depende de cada uno”. Para Carmen Imaz Blanco, en este caso, “el perdón es totalmente falso”, no cree que se pueda ni se deba “poner el contador a cero”. Del mismo modo, María del Mar Blanco ha manifestado que, aunque respeta lo que otras víctimas hagan, ella “ni perdona, ni olvida”.

De una forma u otra, el terror de ETA ha marcado la historia de España. Nunca se olvidará lo que una vez fue, aunque modifiquen su propósito, la “lucha por una Euskal Herria reunificada e independiente”, llevará siempre la marca del terrorismo vasco.