La Policía interviene en el segundo caso de Ballena azul en España

Se trata de un juego que reta a los adolescentes e incita al suicidio.

La Policía ha tenido que intervenir en Palma (Mallorca) al detectarse el segundo caso del reto Ballena azul. El primero ocurrió en Barcelona. Una joven, de entre 13 y 15 años, parece ser la primera afectada en las Islas Baleares.

La directora del colegio al que asistía esta adolescente ha sido la persona que ha alertado a las autoridades de que la menor podría haberse iniciado en el juego. Por ello, contactó por correo electrónico con la Policía Local, quien elaboró un informe y remitió el caso a la Policía Nacional, que se encarga de la investigación.

La Ballena azul se trata de un desafío, dirigido a los adolescentes, y cuyo objetivo final es el suicidio. Cuenta con 50 retos muy diversos; ver películas del género terror a altas horas de la noche totalmente solos, autolesionarse, permanecer al borde de un precipicio, o incluso arrojarse a él o pasar varios días sin dormir.

Para demostrar que los retos están cumplidos, los jóvenes deben realizar vídeos o fotografías de cada desafío y compartirlas a través de sus redes sociales o de mensajería instantánea.

No se conoce todavía con exactitud cómo llegan los adolescentes a estos grupos. Son clanes cerrados, arropados por el anonimato en las redes sociales y que alientan a los jóvenes al suicidio con fines desconocidos; los chicos aparecen en estas agrupaciones, de reducido número de participantes, a través de invitaciones directas. Se cree que el material que recopilan se encuentra alojado en la web profunda.

El macabro juego debe su nombre a la peculiar característica de las ballenas azules, que pueden llegar a dejarse morir varadas en una playa. Además, según los expertos, adquiere características de las sectas más férreas.

Su creador es, presuntamente, Philip Budeykin, un joven ruso de 21 años al que expulsaron de la universidad, donde estudiaba Psicología. Creó el reto en 2013, para “limpiar la sociedad”. Asegura que los 130 adolescentes que se estima que se suicidaron empleando este método fallecieron “felices” ya que, en su opinión, les brindó “calidez, comprensión y comunicación”. Fue detenido en 2016 y demostró a las autoridades rusas su fría personalidad y su carencia de sentimientos, al admitir su culpabilidad.