La ‘fórmula Abascal’ rescata los ánimos de Vox

El partido de Santiago Abascal tendrá representación parlamentaria, gracias a unas elecciones que le dejan un sabor agridulce.

El presidente Vox, Santiago Abascal, junto a Rocío Monasterio el 28-A.

Desde la prensa nacional hasta la internacional, desde el votante más vetusto hasta el más mozo… Los ojos estuvieron puestos en Vox en las elecciones generales del 28 de abril, en las que, finalmente, la formación presidida por Santiago Abascal hizo historia al entrar por primera vez en el Congreso de los Diputados, aunque no con los escaños esperados.

El partido eligió el simbólico hotel Gran Meliá Fénix para vivir las elecciones. Simbólico, no por lo que es, sino por dónde está. La fachada apunta directa a la plaza de Colón, con la enorme bandera de España, en la que el partido de Santiago Abascal cerró la campaña electoral dos días antes de las elecciones generales, y en la que hace dos meses 245.000 personas (45.000 según la Delegación del Gobierno) se concentraron para defender la unidad de España.

Las sospechas se confirmaron como realidad. Desde el gabinete de prensa de Vox, confirmaban a Mirada21.es que la celebración posterior se iba a realizar en la misma plaza de Colón. Todos estaban seguros de que esa noche algo se iba a celebrar. Entre el hotel y Colón, estaba el punto de mira para los simpatizantes y los medios, la plaza de Margaret Thatcher, que se presentó diminuta y escasa para la ocasión. O, al menos, eso parecía.

Santiago Abascal llegó al campamento base de Vox a las cinco de la tarde, mucho antes que el resto. Mientras, la música ibicenca tech-house se hacía con el protagonismo del escenario en la plaza y recordaba a los curiosos que por allí pasaban que el verano está a la vuelta de la esquina. Transcurrían las horas, y las 130 pulsaciones por minuto de los altavoces cambiaron por cánticos de los simpatizantes de Vox y banderas de España.

Las encuestas de RTVE y COPE llegaron como un jarro de agua fría para los altos mandos del partido. Ambos medios daban a la formación entre 36 y 41 escaños, un éxito agridulce, porque, pese a que Vox consiguiese representación parlamentaria por primera vez en su historia, su irrupción en el Congreso se quedaba lejos de los 176 escaños necesarios para gobernar junto al resto de partidos de la derecha. Aun así, en la animada concentración de Vox tenían muy claro que un par de encuestas no significaban nada.

El silencio dominó la concentración de Vox con el comienzo del escrutinio. Cientos de personas observaban atentamente la pantalla gigante que desglosaba minuto a minuto el recuento de los votos. Los primeros datos fueron un segundo jarro de agua fría, peor que el primero. Aun así, nadie perdió la esperanza. Al menos, hasta que el número de votos escrutados ascendió hasta el 70%. Solo la televisión, con conexiones en directo en la plaza, arrancó algún que otro cántico entre los asistentes.

El número de escaños no ascendía de 24 y, sin previo aviso, las pantallas se apagaron. Los murmullos camparon a sus anchas por el escenario que lucía en grande las siglas de Vox. De pronto, se formó un estruendo acompañado por el secretario general del partido, Javier Ortega Smith, quien, junto a Rocío Monasterio y Pedro Fernández, rescató a los simpatizantes de su profunda desilusión y los llevó hasta la máxima euforia al recordarles que ese 28 de abril habían hecho historia.

El grado de euforia ascendió hasta niveles incalculables, pero aumentó todavía más cuando salió el aclamado Santiago Abascal. Los decibelios de la música tech-house de 130 pulsaciones por minuto se quedaron pequeños ante el bullicio generado por los asistentes. Entre gritos de «viva España», «viva Abascal», «vivan las mujeres de España» y viva todo lo que pueda vivir, el presidente de Vox recordó a sus dos millones y medio de votantes que la entrada del partido en el Congreso «solo era el principio» y que si alguien era responsable del fracaso de la derecha en estas elecciones era el PP, «los de la calle de al lado».

El himno de España concluyó con la intervención de Santiago Abascal y con el estruendo en la plaza Margaret Thatcher. A las 23:35 h, y con el resto de líderes políticos pendientes de hablar, la gente abandonaba el perímetro con sensación de victoria. Eso sí, en la plaza de Colón no se celebró nada.