La cerámica de Talavera, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

El Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco tomó la decisión el pasado miércoles

Escudo de cerámica de Talavera de la Reina. Foto: Wikimedia Commons

La cerámica de Talavera de la Reina (Toledo) ha sido declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

La decisión fue tomada el pasado miércoles en Bogotá, Colombia, donde se revisaron un total de 42 candidaturas. Finalmente, la cerámica de Talavera de la Reina y de El Puente del Arzobispo, junto con la de Puebla y Tlaxcala, ciudades mexicanas, lograron el reconocimiento.

Los motivos principales de tal decisión son su decoración, su esmaltado y su identidad propia, mantenida desde el siglo XVI. Esta es la primera artesanía española en entrar en la lista de la Unesco.

Sin embargo, la decisión no ha resultado fácil, debido a la competencia. Italia y Austria también han luchado por esta categoría. Fue la asociación Tierras de Talavera quien hace seis años inició el proceso de este reconocimiento.

Dentro de la representación que tuvo España en el evento, se contó con la alcaldesa de Talavera, Agustina García Élez, el embajador de España en la Unesco, Juan Andrés Perelló Rodríguez, la subdirectora general de Protección del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura, Elisa de Cabo, la senadora Montse Muro y la presidenta y vicepresidenta de la asociación talaverana Tierras de Cerámica, Magdalena Corrales y Arancha Camacho, respectivamente.

José Guiaro, ministro de Cultura y Deporte, ha señalado que, por primera vez, la Unesco ha reconocido el fuerte vínculo cultural existente entre España y América Latina, además de impulsar así la cooperación internacional entre las naciones de habla hispana en torno al Patrimonio Cultural Inmaterial.

Primeras declaraciones
La ceramista Mónica García del Pino, gerente de la empresa San Ginés, trabaja a partir del respeto a la tradición local tanto en la técnica como en la utilización de sus elementos decorativos característicos. Sin embargo, ha incorporado innovaciones sin perder la esencia del producto. «Desde que se ha publicado esta noticia, es importante que los organismos internacionales creen medidas para salvaguardar esta tradición», ha asegurado García del Pino.

Bola de Navidad de San Ginés. Foto: Javier Salinas

Esta prestigiosa ceramista, que realizó el mural pintado a mano más grande del mundo, en 2018 puso a la venta las bolas de Navidad de la cerámica de San Ginés. Además, fue premiada como la Castellano-Manchega del Año en Madrid. Ella misma ha decorado el restaurante de José Andrés en Miami y la de la embajada de Estados Unidos en Madrid, entre otros trabajos.

García del Pino, quien se enteró en directo de la noticia, vivió junto a sus compañeros el momento de la declaración. «La gente empezó a venir al taller, había mucha tensión en ese momento. Sufrimos mucho porque Austria puso pegas, pero al final conseguimos 19 de 24 votos a favor», ha afirmado la ceramista.

Además, para ella es muy importante este reconocimiento: «Esto solo se hace en Talavera y queremos que llegue a lugares donde no es conocido». Es una buena noticia para ella ya que «habrá gente que se acerque y quiera conocer cómo se trabaja esta tradición milenaria». Entre risas, García del Pino ha asegurado que, al final, los clientes se los buscan ellos.

Mónica García del Pino durante el recibimiento de uno de sus premios. Foto: Flickr

Una tradición milenaria
El siglo XVI fue el inicio de una tradición que perdura hasta hoy. En 1521, se produjo la firma del primer acuerdo para que los alfareros guardasen un horario estricto para la utilización de los hornos.

Hasta el siglo XVI, la cerámica española estuvo influenciada por técnicas hispano-moriscas que dominaron la península ibérica durante toda la Edad Media. A partir de entonces, los alfareros talaveranos se especializaron en un tipo de plato. Sin embargo, el siglo XVIII fue una etapa de decadencia en esta industria, debido a la pérdida del privilegio monopolístico con América.

La cerámica de esta ciudad adquirió gran importancia gracias a Cervantes, Lope de Vega y Tirso De Molina, gracias a sus menciones en sus obras. Fue en 1908 cuando Juan Ruiz de Luna, bisabuelo de Mónica García del Pino, puso en marcha la nueva fábrica de la Virgen del Prado.

Su cerámica es fácilmente reconocible por sus colores, azul, amarillo, anaranjado, negruzco, verde, antimonio, hierro, manganeso y cobre.