Sin nadie, totalmente solo

Realizado por Marta Sánchez.

El monstruo de Asier tenía muchos ojos. Miradas inquisitivas y silencio en los patios. Un “vacío” que se extendía desde el aula hasta el recreo. “Por ejemplo, todos estaban mirando algo en el móvil y a mí no me dejaban”, relata su infancia Asier. Pero el vacío no quedaba encerrado entre las paredes del colegio, cuando jugaban al fútbol o salían juntos no le “aceptaban”. El joven asumía “la culpa de todo” porque, según explica, eran las únicas personas con las que se relacionaba y tenía “miedo” a perderlas.

Frente a esta situación, Asier comenzó a citarse con el psicólogo –“para mí era ir a ver a Federico”- y, gracias a ello, desarrolló una “independencia positiva”. Una independencia forjada “gracias a los videojuegos”. Detrás de un avatar, que le “acompañó” durante “toda” su vida, comenzó a crear su personalidad y a “hacer amigos”.

El tiempo pasa y las cosas cambian: el grupo se abrió a Asier –“maduramos todos”-. Hacía tiempo que había dejado de ver a Federico y empezaba a sentir “una tristeza por estar solo”. “Después, la independencia se convirtió en una dependencia hacia los demás”, explica.

“Siempre he sentido que nadie valoraba lo que hacía”, lamenta Asier. El joven terminó autodiagnoticándose depresión: “para mi familia es algo que no existe”. Aunque entiende que tiene “un problema”, según Asier no le tomarían en serio. “La depresión es todas las cosas malas que tienes multiplicadas por mil (…) en mi caso, es pasiva, es decir, solo te acuerdas en ciertos momentos”, describe.

Una depresión que ha mostrado sus afilados dientes. “Muchas veces pensé en suicidarme, pero me frenaba hacerle daño a mi familia”, confiesa sin ningún miedo hacia su monstruo. “Las demás personas no tienen por qué llevar mi carga”, continúa, por eso mismo si se siente triste se muestra “feliz”. Pero él también tiene su propio altavoz: Twitter.

Asier ha creado una cuenta como “un foro” en la que “cada uno cuenta sus cosas”. “Nos ayudamos entre nosotros (…) somos personas que comprenden lo que pasamos”, explica. Pero no es lo único positivo para Asier. “Una de las cosas buenas que me ha dado el bullying se ha traducido es que, sin ser humilde, no fardo de lo que he hecho”, explica Asier con clara confianza. Una carencia de humilde que, admite, “provoca rechazo” hacia él.