Hannah Herbst, la joven dispuesta a revolucionar la ciencia

Esta estadounidense creó con 14 años, una turbina para llevar electricidad a pueblos subdesarrollados. Ahora, con 19, propone nuevas vendas inspiradas en las características de la piel de tiburón.

Hannah Herbst, en la celebración de 2016 White House Science Fair, con 16 años.

Hannah Herbst nació en Florida en el año 2000. En un principio, su sueño era dedicarse a la interpretación, pero pocos podrían decir que con tan solo 19 años atesoraría galardones como el de Mejor Científica joven de Estados Unidos (2015) o que su nombre aparecería en la lista Forbes 2018 de los 30 jóvenes menores de 30 más destacados del país.

Tres acontecimientos principales en la vida de Herbst provocaron que el rumbo hacia su carrera de actriz cambiase radicalmente de dirección para dedicarse al mundo de la ciencia.

El primero fue con 13 años, cuando sus padres la apuntaron a un campamento de robótica para probar otras cosas antes de dedicarse definitivamente a la interpretación. Herbst comenzó a sentir cierto atractivo en esas actividades y a matricularse de manera constante en cursos de ingeniería e investigación.

Uno de los grandes pilares de la vida de Herbst es su fe («Dios me ha hecho sentir que debo ayudar a otras personas») esta la llevó al segundo acontecimiento. En su comunidad cristiana en la localidad de Boca Raton (Florida) tienen un programa que pone en contanto a niños estadounidenses con niños de países subdesarrollados. Así, Herbst pudo conocer a Ruth, una chica de Eritrea con la que se hablaba por cartas. En esas conversaciones, Ruth contaba a Hannah que no tenían electricidad en su pueblo y ahí es cuando la joven estadounidense sintió la necesidad de arreglar aquello.

Gracias a un programa de ingeniería del que formaba parte, pudo descubrir que había barcos que se movían gracias a la energía del agua. Se preguntó que si aquello funcionaba para barcos podría funcionar también para generar electricidad. Así con ayuda de sus mentores científicos pudo trabajar en el proyecto, y con 14 años creó Beacon (siglas en inglés para llevando acceso eléctrico a ciudades a través de energía oceánica): una turbina que al surmergirse en el agua transforma las olas del mar en energía eléctrica gracias a un generador. Desde entonces, Herbst trata de comercializar Beacon, pero es un proceso de reiterada negación por los trámites burocráticos.

El tercer acontecimiento de este cambio en la vida de Hannah Herbst ocurrió el año pasado, cuando su padre fue diagnosticado de cáncer. Durante el posoperatorio, la herida se infectó, fue entonces cuando Herbst se preguntó cómo podía ocurrir aquello en un país tan desarrollado y con tantos recursos como Estados Unidos. Su mente comenzó a maquinar de nuevo y relacionó las propiedades de los tiburones, que estaba estudiando en ese momento con su grupo de ciencias, para crear unas vendas inspiradas en la piel de estos animales. Son  antibacterianas debido a que están construidas con PDMS, característica de estos mamíferos acuáticos (el polidimetilsiloxano es una especie de membrana transparente e inerte en la que no se pueden crear bacterias como ocurre con el agua) y además son reutilizables. Ahora, acaba de crear la compañía Tiburones Technologies -aún a espera de una patente, saldrá en 2020- con la intención de comercializar las vendas por todo el mundo.