Fracaso, el camino al éxito

Los jóvenes han cambiado su forma de gestionar las emociones con la irrupción de las redes sociales.

Foto: Isabel Torres Onieva.

Reportaje realizado por Sergio Aguilera, Clara MolláLydia Ortiz y Pablo Taboada.

“Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”, así contemplaba Charles Dickens la manera de enfrentarse a la realidad. A día de hoy, los jóvenes son más intolerantes a las situaciones negativas, al malestar emocional. Las frustraciones, las decepciones y las expectativas causan un abismo emocional que, algunos, no saben gestionar. Las tecnologías, las redes sociales y los nuevos referentes influyen en la manera de afrontar los problemas.

Según un estudio presente en la Estrategia Nacional de Adicciones (2017-2024), el 18% de los jóvenes de entre 14 y 18 años recurre de manera excesiva a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Es dentro de este porcentaje de población donde suele incrementarse el fracaso escolar, laboral y personal; una agonía extendida, especialmente en los jóvenes.

Pedro García Aguado, exjugador de waterpolo, presentador de programas de televisión como Hermano Mayor y conferenciante, analiza la gestión de emociones en los jóvenes. Gonzalo Notario, psicólogo clínico y sexólogo en el gabinete ‘Psicólogo de Madrid’, descifra el fracaso y por qué existe miedo entre los jóvenes a padecerlo. Además del testimonio de estos dos expertos, Mirada21.es organizó una mesa redonda. Los protagonistas que dan voz a la columna vertebral de este reportaje son: un hombre de avanzada edad, una madre de familia y una joven estudiante.

Jaime Luengo es, con 82 años, padre de seis hijos y abuelo de ocho criaturas. Licenciado en Filosofía y Teología, también trabajó como traductor de inglés y francés. “Ahora me dedico a la jubilación”, afirmó con entusiasmo, como indica la propia palabra júbilo, del latín, alegría. Es una persona devota que lleva una vida sosegada, alejado de tecnologías y redes sociales.

Paloma Rodríguez es una mujer de 50 años que siempre se ha dedicado al mundo del diseño gráfico, hasta el fallecimiento de su marido. A partir de ese momento, se centró en cuidar a sus hijos. “Es la mejor decisión que pude tomar”, reconoció. Paloma es la transición entre lo antiguo y lo moderno, una persona que aprendió de una generación más ceñida a las tradiciones y que, ahora, trata de adaptarse a las nuevas tendencias.

Irene Benito es una joven de 20 años, apasionada por la Historia del Arte, carrera que estudia. Además, imparte clases particulares a niños y su sueño es poder ser profesora en la universidad. “Estoy abierta a todo y centrada en mis estudios”, declaró en la mesa redonda. Entre mármol, cúpulas y lienzos, la joven siempre saca tiempo para otra de sus pasiones: la danza española.

El vértigo del fracaso y la frustración
“Yo ya no tengo miedo al fracaso”, aseguró Jaime entre risas. Paloma, con un carácter maternal a flor de piel, reconoció que ella tiene preocupación por sus hijos: “si no son felices y buenas personas me sentiría fracasada”.

Los jóvenes creen estar preparados para el fracaso o, al menos, confirman no haberlo experimentado. “Nunca he fracasado”, afirmó Irene, quien a la vez considera que puede frustrarse a nivel profesional, por las pocas salidas que, a priori, tiene su carrera. Este es uno de los grandes miedos de los jóvenes, a los que se les exige una alta preparación, mayor que al resto de generaciones.

Estas exigencias están en constante cambio, algo que termina afectando a los jóvenes. Según un informe del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), el 76% de las empresas no contratarán a gente con estudios primarios. Un 88% no lo hará con personas sin estudios. El mercado laboral penalizará a la población juvenil por tener poca experiencia. Aun así, la empleabilidad crecerá en aquellas personas con estudios de Formación Profesional (FP).

La frustración puede afectar a las personas cuando no se cumplen las expectativas que, en muchos casos, son demasiado elevadas. La exigencia ha ido aumentando con el paso de los años. “Es un poco enfermizo”, señaló Irene ante las metas que se plantea, las cuales deben estar “a cierto nivel”. Además, la joven nota la “competencia” y el “celo” que existe en el entorno académico.

“Las nuevas generaciones lo quieren todo de manera rápida”, afirma Gonzalo Notario.

Otra de las grandes diferencias que el psicólogo, Gonzalo Notario, ve en los milenials en comparación a generaciones anteriores es la baja tolerancia a la frustración. “Las generaciones que vienen ahora no saben enfrentarse a la frustración. Son generaciones que lo quieren todo de manera rápida, la cultura del esfuerzo se ha derogado”, afirma.

Para Notario, el fracaso no existe, “sino que está conceptuado por cada persona”. El psicólogo asegura que esta idea es subjetiva y depende de las metas de cada uno. Desde el punto de vista de García Aguado, se puede afrontar de dos formas: como una lectura triste de una situación o de forma positiva, es decir, como una oportunidad de aprendizaje. Además, el exjugador añade que es “la sensación de no haber hecho bien las cosas, es una historia que se vive amargamente, en soledad”.

Respecto a si los jóvenes tienen miedo a no alcanzar sus objetivos, Notario lo tiene muy claro. “Creo que tenemos una cultura muy tiránica acerca de lo que es fracaso y lo que es éxito”, afirmó el psicólogo, que más tarde añadió que en la sociedad actual “se establecen líneas muy rojas” sobre lo que es válido y lo que no. “No está permitido el aburrimiento, no está permitido desperdiciar tu tiempo, lo tienes que ocupar todo”, concluyó.

La solución que Pedro García Aguado da para salir de la frustración es “no pensar que es el fin de algo”. Es importante quitarse los mensajes negativos y analizar las causas, y, a partir de ese momento, descubrir el talento que cada uno tiene para desarrollarlo. “Hay que responsabilizarse de aquello que no has hecho bien”, resume el presentador.

Expectativas que decepcionan
“El éxito tiene que ver con el reconocimiento social de haber hecho algo bien”, afirmó García Aguado. La presión en uno mismo aumenta cuando la responsabilidad de alcanzar una meta se ve transmitida por la exigencia externa (padres, profesores o afición). “Las expectativas ajenas se pueden contagiar como propias”, señaló. Además, según el presentador, que un joven estudie o se dedique a una tarea impuesta por los padres llega a producir “insatisfacción”.

“La decepción es más leve que la frustración”, aseguró Paloma, ya que esta última viene dada por un intento constante en algo y no ver resultados, una situación que puede llegar a afectar a la confianza de uno mismo. En cambio, Jaime cree quelas decepciones son con otras personas y las frustraciones propias”. Irene se mostró más severa: “la frustración es algo que puedes llevar siempre”.

“Espéralo todo, pero no te extrañes de nada”, declara Jaime Luengo.

Paloma ha decidido que ya no hace planes de futuro, prefiere centrarse en el día a día. “Ponerse objetivos muy altos puede llegar a decepcionarte”, sentenció la madre. Jaime aseguró que “siempre hay pequeños fracasos”, pero no por ello hay que sentirse frustrado. Su concepción sobre lo opuesto, el éxito, es aprender de las malas experiencias o actos. Las decepciones vienen sobre todo de otras personas. “Si no esperas grandes cosas, no te decepcionas tanto”, afirmó la madre con un tono sincero. Jaime, desde la voz de la experiencia, mandó un consejo: “espéralo todo, pero no te extrañes de nada”.

Jóvenes entre algodones
La manera más segura de asumir y afrontar las diferentes situaciones y adversidades depende del grado de madurez de una persona. Jaime cree que cuando tomas decisiones por ti mismo es cuando una persona se hace adulta. En la misma línea se mueve Paloma, “es cuando empiezas a responsabilizarte de tus gastos, a saber lo que cuesta trabajar, lo que cuesta ganarse el dinero”. “Maduramos poco a poco, con las experiencias, con nosotros mismos. El fracaso te sirve de ejemplo para no volver a hacerlo”, añadió.

Irene piensa que no existe un “conformismo” por parte de la juventud. “Diría que es otra etapa, pero realmente sí que hay ambición por conseguir lo que quieres”, confesó la joven. La estudiante cree que los referentes difunden una vida irreal, pero no es el modelo de vida que quiere seguir. “Mi familia es quien me da consejo, además de apoyo”, sentenció.

“Ahora hay demasiado proteccionismo”, asegura Paloma Rodríguez.

Sin embargo, Paloma sí cree que los jóvenes están más cómodos. “Les hemos facilitado mucho las cosas”, aseguró. Asimismo, la madre explicó que cuando era pequeña acudía al colegio sola. “Ahora hay demasiado proteccionismo, deberíamos ser más abiertos”, concluyó. Notario reiteró esta idea y añadió un ejemplo práctico: “Cualquier chaval se deja las llaves en el trabajo y tiene una aplicación en la que encarga a un tipo que vaya a por ellas mientras ve un vídeo en YouTube”.

“La madurez se logra cuando uno sale a la calle y empieza a buscarse la vida sin ponerse excusas”, afirmó García Aguado para referirse al momento en que una persona pasa a ser adulta. “Antes cuando no querías estudiar, te ponías a trabajar y, ahora, hay chavales que no salen de casa hasta los 30 años”, declaró.

Pérdida de referentes
El prototipo de referente ha evolucionado con el paso de las generaciones. Para Irene, la universidad ha supuesto un cambio. “Un apoyo grande han sido mis profesores, es decir, son la imagen de lo que puedo y quiero llegar a ser. También, mi familia y mi madre siempre me han dado oportunidad de todo”, explicó. Irene piensa que los influencers muestran un tipo de vida “difícil de alcanzar”.

Los padres de Paloma también han sido sus referentes “para lo bueno y para lo malo”. Ella explicó que, de esta manera, puede no cometer los mismos errores con sus hijos. También  lo han sido las protagonistas de algunas novelas, sobre todo “aquellas que luchaban por sus ideales”. Paloma cree que “es un trabajo como otro cualquiera, les pagan por hacerlo”.

En cuanto a la figura de los referentes, García Aguado no cree que se haya perdido a los modelos que había antes, sino que se ha producido un cambio. “Los personajes que idolatrábamos eran porque habían hecho algo meritorio”, y la diferencia es que “las personas que ahora se abrazan son más vacías de contenido”.

La utópica felicidad absoluta
La felicidad, que según la Real Academia Española (RAE), es el “estado de grata satisfacción espiritual y física”, pero parece inalcanzable para estas personas. Irene, desde su inocente juventud aseguró que sí cree en la plena felicidad. “Yo la veo bastante lejos, no la he alcanzado, pero creo que está al final y quiero ser plenamente feliz”, afirmó la joven.

“Quiero ser plenamente feliz”, afirma Irene.

Jaime, desde la experiencia de los años, afirmó que se puede alcanzar un clímax en tres sentidos: “físico, que sería el orgasmo; intelectual, cuando se ilumina la mente; y espiritual, cuando eres creyente, como en mi caso, y recibes los dones del Espíritu Santo”.

El impacto de las redes sociales
Las relaciones personales han cambiado, mucha gente achaca que las nuevas tecnologías marginan el encuentro personal, pero no siempre es así. Paloma siente que tiene más comunicación y habla de más cosas con sus hijos, que ella con sus padres cuando se encontraba en esa etapa: “eran de otra generación, mucho más recatados”. Irente también cree que la manera de ver muchos aspectos ha evolucionado para mejor.

Los tres protagonistas piensan que la forma de educar ha evolucionado. “Antes tu padre te echaba una mirada y te callabas”, afirmó Jaime. “Ahora, los jóvenes se pasan de falta de respeto, en algunos casos”, añadió. Aunque cree que es mejor la forma de educar de hoy en día.

Foto: Isabel Torres Onieva.

En los últimos años, muchos youtubers han decidido dejar la plataforma debido a problemas de ansiedad o depresión. Entre ellos, se encuentra el reconocido ElRubiusOMG, que abandonó la YouTube durante cuatro meses. “En esta cultura de la inmediatez, tienes toda una legión de followers que te siguen en las redes, que si tú no te has dado cuenta de que has fracaso, ellos se harán cargo de que te des cuenta”, explicó Notario. “Cuando permites que tu vida dependa del ‘me gusta’, estás dando la llave de tu bienestar funcional a algo que no puedes controlar, y esto es una debilidad”, sentenció.

“Los jóvenes están sobreexpuestos a conseguir todo de forma inmediata”, opina García Aguado.

Para García Aguado, la visión de los jóvenes con los influencers tiene un problema: “No saben el trabajo que hay detrás de estos chicos y que realmente no son tan felices como aparentan”. Aunque no considera que este grupo sea más “conformista” por no conocer el esfuerzo, solo que tienen una “saturación de bienes” porque lo que han pedido se lo han dado. “Los jóvenes están sobreexpuestos a conseguir todo de forma inmediata”, concluyó García Aguado.

Gonzalo Notario cree que “los jóvenes están mejor preparados” que las generaciones anteriores. “Tienen nuevas tecnologías, idiomas y, además, una cultura de la inmediatez que lleva una cosa emparejada al respecto, que es una sociedad nada conformista. Lo que pasa es que está llevado al extremo”.