Vaqueros y chilabas

Alumnos de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) realizaron recientemente un viaje de estudios a Marruecos. Esta es la crónica de esos intensos días contada por una de sus protagonistas.

Reportaje elaborado por María Hernández, alumna de 2º de Periodismo y Relaciones Internacionales.

Tras las tiendas de pieles se esconden los pozos donde se trabaja el cuero y su pigmentación. Foto: M.H.

Atrás quedó la época en la que se conocía de memoria la historia del vecino de al lado, las charlas en el rellano, los gritos en el patio de luces o el intercambio de ingredientes para salvar una receta. El individualismo parece haberse instalado entre la vida de uno y la del morador de la puerta contigua. Los trazos urbanos en las ampliaciones de las ciudades muestran cierto aislamiento y encierro.

Esta imagen contrasta con la aglomeración que puede vivirse en las medinas marroquíes. Dentro de las antiguas murallas que rodean el barrio antiguo parece que todo el mundo se conoce. Cada pocos metros brotan ramilletes de personas charlando en un vaivén de graves y agudos. En todas las travesías se intercambian saludos que concluyen rápido ante un grito que exige paso para su burro y su carro.

Allí, las callejuelas están enredadas como los cabellos por la mañana, se distribuyen al azar, menguan y se ensanchan a su antojo. Los puestos de carne y especias se besan con los de cerámicas o telas en una explosión de colores. Se trata de un curioso laberinto que puede guiar hacia el hedor de los animales recién desollados o tener la cortesía de conducir hasta el aroma de la hogaza recién hecha y la fragancia que destilan los frutos secos.

“Eso es Marruecos, un país de contrastes. Una antítesis entre las élites de Rabat y los barrios más desfavorecidos de Fez”.

Eso es Marruecos, un país de contrastes. Una antítesis entre las élites de Rabat y los barrios más desfavorecidos de Fez. La disparidad entre el brillo de los azulejos y las paredes desconchadas que invaden las calles. Un combate entre el Islam moderado y el fundamentalismo alimentado por la influencia saudí. “Si la religión fracasa en ayudar a la consecución de la felicidad y no promueve la unidad, algo falla”, denunció el secretario general de la Rábita de Ulemas, Ahmed Abbadi, refiriéndose a los paradigmas extremistas como el propuesto por Daesh.

Sin embargo, la voluntad y visión pacífica de algunos pensadores como Abbadi no es suficiente para frenar el desmembramiento de los estados vecinos o la inestabilidad del Sahel, del Magreb y del Cuerno de África. Tampoco basta para gestionar las transformaciones sociales o eliminar debilidades estructurales que favorecen la radicalización, tales como la pobreza, el subdesarrollo, los tráficos ilícitos, la debilidad institucional, el cambio climático y el paro. El escritor e intelectual Larbi El Harti reitera convencido que solo un programa educativo a largo plazo sostenido en un ideario moderado y acorde al actual tiempo puede salvar Marruecos.

El desafío integrista

Los artesanos exhiben a la entrada de sus tiendas la variedad de artículos que ofrecen. Foto: M.H

El desafío silencioso del integrismo se puede saborear en algunos locales donde los platos no pueden acompañarse de vino o cualquier otra bebida alcohólica. No obstante, al margen de estas amarguras sociopolíticas y religiosas, los banquetes de esta región son todo un festín y muestra de hospitalidad. Además del conocido cuscús, hay una infinidad de composiciones alimenticias bastante exóticas que llegan a la mesa en grandes recipientes de barro. Su denominador común es la mezcla: las ensaladas son un viaje de elementos crudos y cocinados, sensaciones suaves y vigorosas teñidas por una gama de colores vivos. Los guisos de verduras suelen coronarse con frutos secos y todos los pucheros reciben una lluvia de especias.

Otro manjar es la pastela, que puede ser vegetal o de carne, pero, en consonancia con el carácter antagónico de Marruecos y para sorpresa de muchos, se cubre con canela y azúcar. Este polvo blanco constituye uno de los productos básicos del país por su alto consumo, así pues, también es culpable de la epidemia de diabetes que sufre gran parte de la población. Esta realidad no resulta extraña, hacen falta pocos días en Marruecos para percibir la facilidad y recurrencia con la que se ofrece té ampliamente edulcorado y pastas que sacian hasta al más goloso.

Tras cada comida, los camareros se acercan para servir esta bebida de un modo especial. Como si se tratase de escanciar sidra asturiana, el mozo eleva la tetera por encima de su cabeza con un elegante giro mientras colma los vasos que hacen equilibrio en una bandeja pendida del otro brazo. Si el turista es español, suele aplaudir admirado, pero visitantes los hay de muchos tipos, al igual que las partes que integran este reino.

La idiosincrasia de Marruecos

Ante todo, Marruecos es distinto a los países de la zona por su personalidad singular y tendencia al recogimiento, ya que pese a situarse junto al mar, ha estado más determinado por sus potentes fronteras terrestres como la cordillera del Atlas. Es el único país africano con costa mediterránea y atlántica. Asimismo, fue el único país árabe que, con ayuda de España, no cayó bajo la conquista otomana. Factores históricos como este propiciaron que Marruecos haya mirado a Occidente de una forma distinta, como un anclaje para su independencia. Tampoco olvida su continente, donde trabaja para consolidar su hegemonía y modelo.

“Las tasas de analfabetismo en población superior a los diez años son del 30%”.

Nunca ha existido un partido único ni economía de Estado. La debilidad de este último sector es la industria, debido al poco peso que se le otorgó en el pasado y la dificultad de impulsarla, pues la mano de obra es abundante pero poco cualificada. De hecho, las tasas de analfabetismo en población superior a los diez años son del 30%, impera el iletrismo y la fuga de cerebros. Muchos de estos talentos se concentran en el ambiente académico de Rabat, concretamente en la Universidad Mohamed V, donde resulta sencillo encontrar jóvenes interesados por la crisis catalana, el debate sobre el aborto, los derechos de la mujer y las percepciones occidentales sobre su país. Jóvenes que bailan al ritmo de Ed Sheeran o Céline Dion y están deseosos de mostrar a un grupo de estudiantes españoles la noche en la capital marroquí.

A priori, lo más significativo de los locales es la densidad del ambiente y la pesadez del aire, ya que fumar está permitido. Un grupo toca en directo, muchos de los asistentes permanecen sentados, seis chicas bailan animadamente con una coreografía que destaca sus aptitudes en el movimiento de cadera ante algunas miradas penetrantes. La música parece ser el homólogo de las canciones que predominan en las discotecas de la península. ¿Habrá similitud en el contenido? Habibi, habibi (mi amor, mi amor) repiten todos a coro en el estribillo. “Hablan de paisajes, desamor…” Nawfal aclara que las letras difieren de las importadas de la industria latinoamericana y se sobresalta al descubrir el mensaje de Despacito que ellos mismos tararean.

Conocer gente local es siempre maravilloso, pues permite palpar una dimensión que supera lo que puedan aportar los itinerarios para turistas y la rigidez de los horarios. Es difícil que un programa contemple la visita a La Marina de Rabat en la madrugada para disfrutar de la calma de los barcos quietos en la superficie y una conversación con la vista anclada en las luces que iluminan un minarete.

Inmigrantes y emigrantes

Fuente de ensaladas variadadas en un restaurante céntrico de Rabat. Foto: M.H.

“No me identifico con muchos de los inmigrantes marroquíes en España y otros puntos de Europa” -confiesa Abdou, uno de los chicos- “suelen ser problemáticos, cuando vuelven en vacaciones sus actos también son vandálicos y es algo que perjudica a todos”. Javier Otazu, director de la agencia EFE en el Magreb, asegura que los emigrantes marroquíes mantienen una relación umbilical y anual con el país y constituyen un factor vital para la economía por las remesas que envían. Esta es una razón de ser del Consejo de Comunidades Marroquíes en el Extranjero (CCME), una institución consultiva financiada por la Casa Real que trabaja analizando todos los aspectos y estadios de los procesos migratorios y la diáspora marroquí en el mundo.

Un portavoz del CCME manifestó la necesidad de que todas las sabidurías religiosas reflexionen orgánicamente para evitar la desmembración de la humanidad. Sugirió además, que el islam debería ser una suerte para Europa, aunque la ruptura entre este discurso y la realidad es evidente debido a las dificultades de integración y la formación de guetos por parte de estas comunidades. Estos aislamientos son núcleos de inestabilidad, no menos voluble es la situación de Marruecos, cuyo sistema oscila entre el avance hacia la democracia con una monarquía poderosa y el abismo.

“El culto que se rinde al monarca es constante, habitual y generalizado”.

La dinastía de este país es, junto a la de Jordania, la única que hunde sus raíces en el Profeta. Este aspecto le otorga prestigio y la convierte en objetivo primordial del ataque yihadista por su versión moderada. La lucha contra esta amenaza es tangible en la calle, custodiada por las Fuerzas de Seguridad en grupos de tres. En definitiva, pese a las anomalías y ostentación de los alauitas, nadie cuestiona ya su poder porque constituyen un baluarte de solidez para Marruecos.

El culto que se rinde al monarca es constante, habitual y generalizado. Su foto es probablemente la imagen que más se repite, preside sonriente un escaparate con corderos abiertos en canal; aparece esquiando con su familia en el vestíbulo de un hotel; se vislumbra entre las botellas de vodka alineadas en el pub y hace fila en la pared de otro entre los rostros de John Lennon y Bon Jovi.

La relación entre Mohamed VI y Felipe VI es cercana y frecuente. Ricardo Díez-Hochleitner Rodríguez, embajador de España en Marruecos, confiesa que se telefonean cada semana, pues más allá de voluntarismos políticos, necesitarse es lo que más potencia la unión y, en efecto, los dos estados se necesitan.

Debido a la proximidad geográfica y las interacciones históricas, la confluencia de intereses es absoluta, por lo que ambos han de compartir el presente. Su seguridad está íntimamente ligada, existe dependencia en términos económicos y para el control de los flujos migratorios. “Lo que es bueno para Marruecos, lo es para España”, afirma contundente Díez-Hochleitner.

Pese a esta realidad, españoles y marroquíes viven inmersos en demasiadas décadas de desconocimiento mutuo, lo que perjudica indiscutiblemente. Cualquier viaje es útil y enriquecedor para entender, sentir y ser capaz de ver personas detrás de banderas. Al fin y al cabo, son vecinos estratégicos y si uno se fija en detalle, los vaqueros y la chilaba están secándose en tendederos de un mismo bloque.