Mugabe: historia de un dirigente con luces y sombras

El golpe de Estado en Harare pone en jaque al Gobierno del nonagenario presidente zimbabuense, Robert Mugabe. La destitución del vicepresidente, Emmerson Mnangawa, ha precipitado la tensión del debate sucesorio. Mugabe se encuentra actualmente bajo arresto domiciliario.

Robert Mugabe en Yuba, capital de Sudán del Sur, en el año 2011. (Foto: Flickr)

La toma de control del ejército acrecienta la crisis del decadente mandato de Robert Mugabe. El debate sucesorio ha dividido el país entre partidarios de la primera dama, Grace Mugabe, y del vicepresidente, Emmerson Mnangawa. La destitución de este último, huido en Sudáfrica, provocó el pasado martes el levantamiento de una facción del ejército. El general Constantino Chiwenga ha asegurado que “no es un golpe de Estado” sino que quieren “detener a los delincuentes que dañan al partido”. El presidente está a salvo, aunque detenido en su vivienda.

Robert Mugabe, en el poder desde 1980, es uno de los personajes más controvertidos en el panorama político internacional. El inmenso nivel de pobreza, el supuesto fraude electoral y sus políticas contra la homosexualidad lo han convertido en uno de los dirigentes más despreciados dentro y fuera del país. No obstante, esto no siempre fue así. En el pasado, Mugabe fue un libertador contra un régimen colonial similar al apartheid sudafricano y fue muy adulado por ello.

Ian Smith gobernó como primer ministro de Rodesia entre 1964 y 1979. (Foto: Wikimedia Commons)

Rodesia del Sur, colonia británica
Para entender el personaje de Robert Mugabe, es fundamental tener en cuenta el pasado colonial de su país. Lo que hoy se conoce como Zimbabue se llamaba Rodesia antes de su independencia en 1980. El nombre proviene de Cecil Rhodes, fundador de la Compañía Británica de Sudáfrica, que obtuvo en 1890, por parte de la Corona británica, los derechos de explotación del territorio. Estas tierras se dividirían cinco años después en tres áreas de administración: Rodesia del Norte (actual Zambia), Nyassalandia (actual Malaui) y Rodesia del Sur (actual Zimbabue).

En 1923, la administración de Rodesia del Sur corre a cargo de un representante de la Corona británica. Para 1930, los colonos poseen el 40% de las tierras cultivables. Las comunidades negras solo pueden ejercer la función de trabajadores agrarios al servicio de los blancos. En 1965, en pleno proceso de descolonización africana y tras la independencia en 1964 de Nyassalandia y Rodesia del Norte, el primer ministro de Rodesia del Sur, Ian Smith, declara la independencia del país como colonia de la Corona británica y cuenta con el apoyo de la Sudáfrica del apartheid. Rodesia del Sur pasa entonces a llamarse Rodesia. Mientras Gran Bretaña lo denuncia a la ONU, Smith cuenta con la defensa de poderosos grupos financieros británicos interesados en la riqueza mineral del territorio.

“Los negros no gobernarán Rodesia en mil años”, según el dirigente.

Ian Smith, influenciado por el apartheid de Sudáfrica, instaura en Rodesia un régimen de opresión contra los negros para prevenir una revolución anticolonial similar a la de otros países del continente. Smith pronuncia la famosa frase: “Los negros no gobernarán Rodesia en mil años”. Surge entonces, en este contexto, la figura de Robert Mugabe.

Robert Mugabe contrajo matrimonio en 1961, en la ciudad de Salisbury –actual Harare–, con su primera esposa, Sally Hayfron. (Foto: lifeartsmedia.com)

Vida temprana y lucha anticolonial
Robert Gabriel Mugabe nace el 21 de febrero de 1924 en el distrito de Zcimmba, al noroeste de la actual Harare. De orígenes humildes, vive la muerte de sus dos hermanos mayores, lo que empuja a su padre a buscar trabajo en el extranjero. Mugabe recibe la educación de misioneros jesuitas y será toda su vida un fiel seguidor del catolicismo. Estudia Magisterio a los 17 años, viaja a Gran Bretaña a los 24 para instruirse en Filosofía y Letras y, tras licenciarse, cursa en Londres la carrera de Economía. En 1960, regresa a su país y se une a los movimientos independentistas, lo que provoca su arresto y una pena de 11 años de cárcel.

Tras cumplir su pena y exiliarse en la Mozambique del dirigente revolucionario Samora Machel, Mugabe se convierte en líder de la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU), creada en 1963, un año antes de su ingreso en prisión. El ZANU fue una de las organizaciones armadas que combatían al apartheid de Rodesia. Los distintos grupos armados se encuentran rivalizados por el conflicto sino-soviético –unas organizaciones recibían financiación de China y otras de la URSS–, lo que motiva a Mugabe a lanzar unas declaraciones a favor de la unidad de los movimientos combatientes, así como estrechar lazos con el Congreso Nacional Africano (CNA) de Nelson Mandela. Mugabe considera incluso negociar con Gran Bretaña a cambio de que esta presione a Ian Smith para la liberación de los presos políticos.

“Construyamos juntos un nuevo Zimbabue que constituya el orgullo de toda África. ¡Viva la libertad!”.

Al mismo tiempo, Ian Smith intenta negociar la paz que había acordado con EE.UU. a través de la mediación de Henry Kissinger. Robert Mugabe la rechaza y pide la suspensión del Estado de emergencia y de los juicios políticos y exige la abolición de las localidades protegidas, el regreso de los exilados y la convocatoria de elecciones libres. La fuerte lucha armada y el escaso apoyo exterior al régimen rodesiano obliga al Gobierno a ceder ante los rebeldes. En 1979, ambas partes firman el Acuerdo de Lancaster House y se convocan comicios supervisados por Gran Bretaña.

Robert Mugabe gana las elecciones de 1980 y logra 57 de 100 escaños. Solo 20 diputados son blancos. (Foto: dailymail.co.uk)

Robert Mugabe, presidente de Zimbabue
En 1980, Robert Mugabe regresa a Rodesia para las elecciones de ese mismo año y es aclamado por miles de ciudadanos. El país vive un clima de alta violencia por parte de los colonos, que vislumbran en Mugabe un líder que pondría en peligro sus privilegios. El libertario anticolonialista sobrevive a dos atentados terroristas antes de los comicios. En marzo de 1980, se celebran las elecciones donde resulta vencedor Robert Mugabe, con un 62,99% de los votos. Mugabe envía un mensaje conciliador: “Unamos nuestras manos (…) Trabajemos juntos en pro de la reconstrucción y la rehabilitación del país (…) Olvidemos y perdonemos (…) Construyamos juntos un nuevo Zimbabue que constituya el orgullo de toda África. ¡Viva la libertad!”. Zimbabue declara su independencia el 18 de abril de 1980.

“Zimbabue será más parecido a Kenia que a Mozambique”, dijo.

Si bien contaba con la simpatía de varios países comunistas, Mugabe rechaza el marxismo y promete no tocar las granjas privadas. El exministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña David Owen declaró que “Zimbabue será más parecido a Kenia que a Mozambique”. Para reconstruir económicamente el país, Mugabe solicita ayuda a EE.UU. y a Gran Bretaña. También rompe diplomáticamente con Sudáfrica debido al entrenamiento de grupos armados contra Mugabe y otros países anticoloniales, pero permite que empresas sudafricanas comercien con el país. Estos opositores armados crean el Ejército Revolucionario del Pueblo (ZIPRA), que queda neutralizado por el Ejército de Zimbabue. Los soldados zimbabuenses cometen crímenes de guerra contra la población civil sospechosa de colaborar con el Zipra. En 1983, los rebeldes se rinden por petición de Mugabe y los excesos del Ejército fueron juzgados ante un tribunal militar.

Mugabe estrechó relaciones diplomáticas con países como los EE.UU. de Jimmy Carter, el Reino Unido de Margaret Thatcher o la China de Deng Xiaoping. (Foto: itv.com)

Un desarrollo económico frustrado
El presidente de Zimbabue plantea una economía al margen del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI) y apuesta por la cooperación económica con la República Popular China. Esta última ha invertido más dinero en Zimbabue que en ningún otro país en toda su historia. Además, Mugabe anima a los granjeros blancos a quedarse en el país, pero no logra impedir la huida de decenas de miles de ellos –pasan de 230.000 blancos a 180.000–. Los que quedan son en su mayoría terratenientes.

En los años 80, Zimbabue se convierte en el mayor productor agrícola del continente y vive un proceso de alfabetización que reduce el nivel a menos del 10%. Las exportaciones de cereales y tabaco mejoran sustancialmente la economía del país, lo que establece un bienestar social.

“La Iglesia dice que la homosexualidad es una abominación”, llegó a afirmar Mugabe.

Pero en 1988 se inicia una temporada de fuertes sequías que, junto con la caída del Bloque del Este y la consiguiente pérdida de sus aliados socialistas del continente africano –Zimbabue no se alineó con ninguno de los dos bloques de la Guerra Fría, pero mantenía relaciones comerciales con ambas–, fuerza a Mugabe a aplicar medidas neoliberales que perjudican la economía y el bienestar social de Zimbabue. Mugabe privatiza decenas de empresas estatales y levanta las restricciones de las importaciones. El sector manufacturero local sufre una crisis ante las importaciones extranjeras, aumenta el paro por los despidos masivos y se suspenden las ayudas sanitarias y educativas. A pesar de todo, Robert Mugabe vuelve a ganar las elecciones en 1995.

Mugabe en el siglo XXI
En el año 2000, Mugabe convoca un referéndum para reformar la Constitución y reforzar los poderes del presidente. Sin embargo, el 75% de la población zimbabuense vota en contra. Debido a la acuciante crisis económica y a su impopularidad, Mugabe aplica una reforma agraria que solo beneficia a los propietarios de las tierras. La injusticia social aumenta dado que los demás ciudadanos solo pueden optar al trabajo asalariado en condiciones miserables. El presidente decide entonces expropiar –sin indemnizaciones– grandes propiedades ganaderas de terratenientes blancos para ponerlas en manos de trabajadores negros.

“Si fuera por mí, me aseguraría de que (los homosexuales) van derechos al infierno y se pudren”. (Foto: amazingstoriesaroundtheworld)

Estas medidas contribuyen al descontento de los países occidentales. La Unión Europea y Estados Unidos ya vieron con malos ojos la decisión de Mugabe de participar en 1998 en el conflicto congoleño –aunque Mugabe recibiese el apoyo de Nelson Mandela– en contra del régimen dictatorial de Mobutu Sese Seko, surgido tras el asesinato del dirigente socialista Patrice Lumumba. Los países occidentales imponen un bloqueo económico contra Zimbabue que perdura actualmente. Poco después, coincidiendo con el descontento de Occidente, se propagan acusaciones de fraude electoral. Mugabe las relaciona a una campaña difamatoria por parte del Gobierno británico de Tony Blair y acepta la presencia de observadores internacionales.

Las declaraciones de Mugabe contra la homosexualidad contribuyen a oscurecer su figura. La Iglesia dice que la homosexualidad es una abominación. Lo es incluso en nuestra propia cultura. Los hombres que participen en ese tipo de prácticas merecen ser castrados”, manifestó el presidente de Zimbabue en un mitin político, en la localidad de Gweru, el 26 de julio de 2013.

Años después, Mugabe gana las elecciones de 2002, con un 56,2% de los votos. La Commonwealth da crédito a las acusaciones de fraude y expulsa a Zimbabue como miembro. Mugabe vuelve a ganar las elecciones en 2008 y en 2013.

La situación económica del país no ha mejorado y las condiciones de vida siguen siendo alarmantes. La inflación supera el 10.000% anual, la esperanza de vida ha descendido a los 36 años, la mortalidad infantil ha aumentado un 20% desde 1990 y el 50% de la población tiene sida. Actualmente, Zimbabue cuenta con escasos apoyos internacionales y ha recibido críticas de sus antiguos aliados. El difunto líder sudafricano Nelson Mandela calificó en 2008 el liderazgo de Mugabe de “trágico fracaso” y afirmó que su jefatura “escupe miseria y exiliados a toda la región”. El golpe de Estado del general Constantino Chiwenga en uno de los países más pobres del mundo coloca al borde del abismo al Gobierno del otrora héroe Robert Mugabe, quien se erige hoy como villano para muchos de sus conciudadanos.