La valentía de un afgano pone freno a la masacre de Nueva Zelanda

Un padre que rezaba con sus hijos en el interior de la mezquita detuvo al atacante con un arma descargada.

Dos mezquitas fueron atacadas el pasado viernes en Nueva Zelanda, en un atentado motivado por la islamofobia. Brenton Tarrant, el terrorista que emitió todo en vivo a través de Facebook, causó la muerte de 49 personas.

El segundo de los ataques, en la mezquita de Linwood fue también testigo de un acto heroico, y es que Abdul Aziz, un hombre de 48 años, de origen afgano que en el momento  estaba realizando las oraciones con sus hijos, al oír los disparos, en lugar de escapar, salió al encuentro del terrorista e impidió que este entrara en la mezquita, logrando minimizar las bajas de este segundo atentado.

El atacante, que emitió todo en vivo a través de Facebook, causó la muerte de 49 personas.

Para lograrlo, Aziz tomó lo primero que encontró a su paso, una máquina de cobro con tarjeta de crédito, y se la lanzó al pistolero. Acto seguido, mientras el terrorista cogía un arma nueva de su coche, Abdul trató de distraerle moviéndose entre los vehículos estacionados. Fue entonces cuando el hombre de origen afgano recogió el arma que había abandonado el agresor, y al intentar disparar vio que el cargador estaba vacío y decidió arrojarla contra el coche del atacante, esto hizo que el parabrisas se rompiese. “Por eso se asustó y huyó”, explicó a los medios de comunicación este hombre, al que muchos calificaron de héroe tras evitar que el asesino entrara en la mezquita y asesinara a los que se encontraban en el interior.

Minutos después, dos policías, que salían de un entrenamiento de técnicas de enfrentamiento contra hombres armados, interceptaron con su coche el vehículo de Tarrant y lo detuvieron.

Otro héroe
Aziz no fue el único en intentar frenar al agresor. En la mezquita de Al Noor, donde este radical había abatido antes a 42 personas, el pakistaní Naeem Rashid, de 50 años, también intentó impedirlo, aunque no lo consiguió y acabó muerto.

Actualmente, Tarrant, de 28 años, permanece preso en una cárcel de máxima seguridad esperando comparecer en el juicio en el que se decidirá si deberá ser repatriado a su país de origen, Australia. Los familiares de las víctimas están a la espera de que las autoridades terminen con las tareas de identificación para poder dar sepultura a sus seres queridos, un proceso que puede alargarse hasta el miércoles.

Nueva Zelanda sigue llorando la muerte de las víctimas y se vuelca en solidaridad con los afectados, para los que ya se han recaudado, aproximadamente, seis millones de euros.