La caravana de migrantes que recorre México renuncia a llegar a EE.UU.

Un millar de personas procedentes de Centroamérica continúan un recorrido que partió hace casi dos semanas de la frontera sur mexicana para solicitar asilo en el Estado vecino. La iniciativa saltó a la escenario internacional después de que Trump declarase que las autoridades del país azteca la habían disuelto a petición suya.

Pueblos sin fronteras es el nombre de la organización que convoca la marcha. El recorrido en caravana se prepara todos los años desde 2010, pero este año el número de migrantes se ha cuadruplicado.

Más de 1.200 integrantes de la caravana de migrantes que partieron a finales de marzo de la frontera sur mexicana continúan su recorrido por el país con el fin de exigir un “trato digno” y solicitar asilo en Estados Unidos. La marcha dará por finalizado su recorrido cuando lleguen a Ciudad de México, donde los refugiados decidirán “de manera individual” si continúan hasta el muro que delimita con el país vecino. Los emigrantes avanzan ajenos a las declaraciones de las autoridades mexicanas que hacen referencia a su disolución. Los organizadores de la iniciativa consideran que estas afirmaciones son una estrategia ante el presidente estadounidense, Donald Trump.

La organización Pueblos sin fronteras, convocantes de una marcha que se prepara todos los años desde 2010, renuncia de esta forma en su objetivo de trasladar al millar de migrantes desde una frontera hasta otra. Según los organizadores, la decisión de acabar el recorrido en Ciudad de México no se debe a las amenazas del presidente estadounidense, sino por la alta participación de migrantes –unos 1.200, cuando la asistencia habitual ronda los 300–.

“Nuestro propósito no es llegar a la frontera, es cambiar las leyes, buscar las raíces del problema, que se cambie la vulnerabilidad en la que se encuentran ellos”, asegura Irineo Mújica.

Donald Trump amenazó, mediante una sucesión de tuits, con enviar a la Guardia Nacional para impedir el acceso de la caravana a Estados Unidos o incluso cortar con los fondos de ayudas a Honduras, país de origen de la mayoría de los integrantes de la marcha, que partió hace casi dos semanas desde la frontera de México con Guatemala.

La caravana de migrantes, que, según Donald Trump, amenaza la seguridad de EE.UU., no se ha disuelto. Tampoco va a retroceder por el momento, pese a las peticiones del mandatario, que ha obligado a México a buscar una salida que contente al vecino del norte y responda a las demandas de los refugiados.

Frente a esta situación, los migrantes podrán escoger entre disolver la caravana –que sigue conformada por un millar de personas– y seguir el camino por su cuenta hacia el norte o solicitar refugio y asilo en México. Tras las declaraciones de Trump, será el país azteca el que absorba las consecuencias de la crisis que se vive en Centroamérica.

Recorrido de la caravana
La caravana partió de Tapachula, ciudad muy próxima a la frontera con Guatemala, donde se congregaron unas 1.200 personas. Los migrantes centroamericanos que siguen con el contingente partieron el pasado jueves a la localidad de Puebla, tras permanecer unos días en Matías Romero, en el estado sureño de Oaxaca, donde algunos recibieron medidas humanitarias del Instituto Nacional de Migración (INM).

“Vamos a llegar hasta Puebla en distintos autobuses. Allí se informará a todos los emigrantes de las opciones legales que tienen y de las dificultades para conseguir el estatus de refugiado en Estados Unidos, lo que implica pasar hasta un año en un régimen semicarcelario hasta que se resuelva su situación”, explica Rodrigo Abeja, uno de los organizadores de la caravana.

“Hay derechos de la población que deben ser ejercidos y que son anteriores a Donald Trump”, defiende Mújica.

Cuando llegue a la capital, Ciudad de México, la caravana dará por finalizado su recorrido, en lugar de proseguir hasta la frontera con EE.UU. “Nuestro propósito no es llegar a la frontera, es cambiar las leyes, buscar las raíces del problema, que se cambie la vulnerabilidad en la que se encuentran ellos”, asegura Irineo Mújica, director en México de la organización Pueblo Sin Fronteras, organizadora de la marcha.

“Trump amenaza con enviar el Ejército a la frontera, pero México ha tratado de responder de forma humanitaria. Hay derechos de la población que deben ser ejercidos y que son anteriores a Trump”, defiende el organizador de la marcha.

“Hace 10 años, organizamos la primera caravana y desde hace tres la hacemos de frontera Norte a frontera Sur. El objetivo es visibilizar la indefensión de los migrantes, defender el derecho al libre tránsito, presionar a Comar (Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados) y lograr más recursos para desbloquear las miles de peticiones de asilo presentadas que siguen sin respuesta”, explica Mújica.

La caravana que Trump amenaza con frenar enviando al Ejército a la frontera está conformada actualmente por 1.200 personas. La mayoría de los migrantes son hondureños agotados y con hambre, de los cuales 300 son niños y entre los que hay una decena de ancianos y mujeres embarazadas. Hasta el momento, los tuits del presidente estadounidense no han frenado su avance. La caravana partió el 25 de marzo de Tapachula, en la frontera con Guatemala, y caminó hasta Matías Romero, en Oaxaca, a 422 kilómetros y 86 horas de distancia a pie.