La esperanza en un transistor

La radio es el medio del encuentro. Así fue desde el inicio, cuando en la España de los años 20 del siglo pasado un enorme aparato empezó a escupir palabras llenas de sentido que acercaron a las familias y alejaron la distancia que, hasta entonces, erigían implacables los kilómetros. María Sabater se llamaba la primera locutora de radio en España, la que abrió fuego a través de EAJ1 en la primera emisión radiofónica de la historia de nuestro país. Desde entonces, guerra y dictadura mediante, la radio ha sabido sobrevivir a todos los desafíos que se le han puesto por delante: consiguió recuperar el pulso como medio de información cuando la aparición de la televisión en 1956 le ganó definitivamente la guerra del entretenimiento; y sobrevive con más dignidad que otros medios al apabullante imperio de lo efímero que supone internet y sus redes.

Frente al imposible periodismo ciudadano, la radio de nuestro tiempo trata de aportar credibilidad, rigor y profesionalidad. Y más aún, se percibe en la inminente lejanía de nuestro tiempo una radio que sobrevive en la hiperespecialización, que cobra sentido en el podcast, en la emisión diferida, que se refugia en los nuevos soportes de emisión, que se acopla a ellos con maestría y humildad.

“Pongamos a la radio en medio de lo que somos como país y dejemos que un humilde transistor nos informe con analógica esperanza”.

En este día internacional de la radio, quizá debamos prometer más que recordar. Desde luego que es un buen día para honrar a Boby Deglané, a Pepe Iglesias El Zorro, a Matías Prats, a Luis del Olmo, a Antonio Herrero y a Iñaki Gabilondo; pero, más aún, es el día de comprometernos con lo que ha de venir: la radio debe seguir siendo ese medio de referencia informativa, ese faro de que trata de alumbrar la verdad, que sabe conjugar sus tres características básicas, la compatibilidad, la cercanía y la inmediatez, con todas las palabras ciertas.

Tenemos por delante años complejos, en lo político, con nuevos voceros de miedo agazapados en la urna, y en lo social, con posmodernas miradas escondidas en Twitter: así que pongamos a la radio en medio de lo que somos como país y dejemos que un humilde transistor nos informe con analógica esperanza. Volvamos a encontrarnos como país en la noticia cierta que preludia el debate sereno. La radio nos ayudará en esa suprema tarea.

Publicado originalmente en Corresponsales de Paz.