Aun sin Cuerda, amanece, que no es poco

José Luis Cuerda falleció el pasado martes 4 de febrero, a los 72 años. Mirada 21.es rememora una de sus películas más importantes.

José Luis Cuerda, durante una entrega de premios. Foto: D. Sinova

José Luis Cuerda fallecía, el martes 4 de febrero, a la edad de 72 años. Original de Albacete (1947), Cuerda destacó por su prolificidad en el cine, donde fue director, guionista y productor.

Se va uno de los creadores con más talento del panorama español. Un hombre de una inteligencia y creatividad desbordantes y con un sentido del humor muy personal que reflejaba en sus comedias. Alguien de quien el cómico Raúl Cimas decía que tenía algo de Santa Claus bajo sus gafas.

La filmografía de un artista es como una carretera: cruza a través de diversos lugares, cada uno distinto al anterior, pero guardando similitudes reconocibles. De José Luis Cuerda son —que no eran— algunas películas de cabecera como Total (1983), El bosque animado (1987), Así en el cielo como en la tierra (1995), La lengua de las mariposas (1999) o Los girasoles ciegos (2008). Como productor, destacó su participación en Tesis (1996) o Los otros (2001), las cuales, por cierto, obtuvieron un Goya a la Mejor Película, entre otros. Su última película, Tiempo después (2018), fue su despedida, a lo grande, de la gran pantalla.

Cabe destacar que su cine es un reflejo de su vida: una mezcla de humor absurdo y lo surreal, lo inesperado. El propio Cuerda siempre contó que se mudó a Madrid gracias a que, en una noche, en un local donde hoy se ubica el Círculo de Bellas Artes, su padre ganó un piso en Paseo de La Habana en una partida de póker. Ya de adulto, también contaba en el prólogo de sus memorias cómo se metió a seminarista para no tener que pedir salir a la chica que le gustaba.

Quienes conozcan el cine de Cuerda habrán notado un vacío en su filmografía, en esa carretera antes citada. No es por omisión, sino que lo único merece un aparte.

La historia de Amanece, que no es poco
Amanece, que no es poco nacía en 1989. Concebida originalmente como una miniserie de cinco episodios para Televisión Española, finalmente se convertía en la que, en 2014, era elegida como la mejor película española de los últimos 60 años, según la Seminici de Valladolid. El propio Cuerda explicaba en una entrevista para RTVE que el proyecto fue rechazado bajo el nombre Ab Urbe Condita y olvidado en un cajón. Sin embargo, tras varios años, con esos mimbres hizo ese cesto que hoy se ha convertido en una película de culto —que incluso ha dado paso a una religión como son los amanecistas—.

«Es un cine costumbrista en el que lo que se hace es agarrar a la costumbre por el cuello y retorcerla para que exprima lo que tiene».

La cinta forma parte de la trilogía surruralista —no confundir con el surrealismo, con el que comparte características, pero no es lo mismo, como el propio José Luis Cuerda defendía— compuesta por Total, Amanece, que no es poco y Así en el cielo como en la tierra. Este género es atrevido, pues toma la España rural, la España negra y sus costumbres, las disecciona y las pone frente al espectador para ridiculizarlas. En palabras del propio director, Amanece, que no es poco “es un cine costumbrista en el que lo que se hace es agarrar a la costumbre por el cuello, la retuerces bien, dejas que exprima lo que tiene y el resultado lo pasas por la lectura de la picaresca española, del naturalismo, del realismo, de la literatura de Azcona y de Berlanga”.

Cuerda se atrevía a reírse de las tradiciones, de la religión, de todo y de todos sin un ápice de miedo. A través del absurdo y del drama, del que se habla a continuación al ser sumamente importante para el humor, Cuerda ponía frente al espectador una historia sin protagonistas. Amanece, que no es poco es un claro ejemplo de esto. La historia se resume en la llegada de un profesor de Física en Oklahoma, Teodoro, y su padre, Jimmy, a un pueblo castellano en medio de un año sabático (“trabajas seis, descansas uno…”). Y ya. La película posiciona a los personajes de Antonio Resines y Luis Ciges como protagonistas. Sin embargo, no son más que una excusa. La trama de Amanece, que no es poco es la historia de todo un pueblo; de sus habitantes, yendo desde el más humilde agricultor hasta el cura pasando por el maestro de la escuela o un borracho. Personajes tradicionales a los que se les plantean situaciones completamente absurdas.

La comedia y el drama
El drama —del que, por supuesto, Cuerda ha demostrado ser un maestro—, siempre se ha visto a sí mismo como un género mejor, más complejo y superior que el resto. No obstante, los defensores del drama como el género perfecto deberían ser conscientes de lo necesario que son los otros géneros para su grandeza.

De vuelta al cine de Cuerda, enlazando con esa reflexión, Amanece, que no es poco es una comedia pura y dura en su primera mirada. Sin embargo, rascando esa primera capa, se es consciente del drama que esconde en sus personajes, sus historias o sus relaciones. El dramaturgo francés Sacha Guitry, definía la vida como el conjunto de dramas que, unidos, constituyen una comedia. Amanece, que no es poco no puede definirse mejor. Las relaciones entre los personajes de Miguel Rellán, Luis Ciges, José Sazatornil, Antonio Resines o Chus Lampreave, entre otros muchos, son divertidos en las desgracias que viven. La genialidad de Cuerda consistía en tener la capacidad de hacer gracioso algo trágico, dotando a las situaciones de cierta fantasía. Durante toda la cinta se presenta desamor, traición o desesperación camufladas bajo chistes de doble sentido, monólogos de personajes rurales propios de ilustrados (un contrapunto muy recurrente en su trilogía) o sencillamente el absurdo en su estado más puro.

Claqueta de la película Amanece, que no es poco. FOTO: Filmoteca de Albacete
Claqueta de la película ‘Amanece, que no es poco’. Foto: Filmoteca de Albacete.

Además, 31 años después de su estreno, la película aguanta perfectamente en la comedia, que no se ha quedado atrás. A pesar de que el humor es algo generacional, sus bromas se mantienen y pueden hacer reír hasta a los jóvenes. Pero, ¿por qué? La respuesta varía según la persona, como en todo, sin embargo, suele haber un punto común: lo absurdo. Es inesperado y cuando llega solo queda reírse, ya sea el monólogo de un agricultor con su calabaza cada atardecer (“Calabaza, se acaba un nuevo día y, como todas las tardes, quiero despedirme de ti.”), ya sea un grupo de americanos en medio de Albacete o ya sea la ira del pueblo por el plagio a Faulkner (“¿No podía usted haber plagiado a otro?, ¿es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?”).

Antes de finalizar, hay que detenerse en su última película, Tiempo después (2018). La cinta merece un aparte, pero por algo distinto a su trama. El guion llevaba años abandonado en un cajón, sin financiación por parte de las productoras, que no veían factible esa producción. De no ser por Arturo Valls, Andreu Buenafuente y Berto Romero, entre muchos otros, quizás hoy no tendría esa despedida. Alfredo Pérez Rubalcaba acuñó la frase: “en España, enterramos muy bien”. José Luis Cuerda, uno de los creadores más talentosos de este país, pasó años a la espera de una oportunidad que, quizás, no debería haber llegado. Hoy todo son elogios para su figura, incluso de aquellos que le negaron esa última aventura, esa despedida del arte por el que vivía.