“La poesía es un reducto de resistencia”

Miguel Martorell estrena su tercer poemario, 'Contra el Armisticio', un libro crítico con la sociedad y los 'poetillas'.

Con el casco de la moto bajo el brazo y la chaqueta aún puesta, Miguel Martorell (Palma de Mallorca, 1982), Alumni de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), llega con una leve sonrisa al Café Van Gogh de Madrid. Un café solo y un vaso de agua, un cigarrillo entre los labios y una conversación sin distinción de temas precedieron las preguntas de la entrevista. Un día antes, había presentado su nuevo y tercer poemario ‘Contra el armisticio’ en el café María Pandora. Sin pelos en la lengua, Martorell disfruta del aire fresco, sin miedo a criticar todo lo que debe ser criticado y, a su vez, alabar lo que merece ser alabado.

¿Existe la democracia en el amor?

De hecho, yo creo que el verdadero amor es el democrático, el que transcurre en libertad. Y debe existir la democracia en el amor… en términos sentimentales, solo se puede amar cuando se es libre. Esa concepción del amor esclavo, ese amor tan esclavo a la otra persona, que te subyuga, que te tiene atrapado… no es amor. Es una mala concepción del amor romántico.

El verdadero es libre. En efectos prácticos, más te vale que para convivir en pareja tengas en cuenta las opiniones de todo el mundo. Siempre digo que se monta una especie de burbuja en la pareja.

¿Y le falta amor a la democracia española?

Buff… sí, le falta mucho amor. En general, nos falta mucho amor en la sociedad. El amor bien entendido: el libre, el de querer al prójimo sin necesidad de sentirse subyugado a él o que el otro te deba algo o que tú le debas algo a alguien por quererle. También nos falta querernos más como individuos, amor propio…

Pretendía ser una crítica hacia el amor romántico”.

¿Y cómo se le ocurrió unir estas dos ideas en Nuestra democracia?

En realidad, más que unir las dos ideas, lo que intento es jugar con el doble lenguaje. Como decía, me interesaba mucho esa manera de escribir de los literatos de la posguerra en la que había una censura y tenían que decir algo maquillándolo para que pareciera otra cosa. Entonces, el inicio del libro pretendía ser una crítica hacia ese tipo de amor tan romántico y esclavo que hacen muchos cantautores y escritores que venden decenas de miles de ejemplares con editoriales hechas al uso para ellos. Lo que intenté, a modo de juego y de trampa, fue plantear poemas que tienen esa doble lectura de la política y del amor. Y te das cuenta de que enamorarse y desenamorarse tiene mucho que ver con la evolución de un país y de su sociedad.

Ahora que comenta a los cantautores y esas editoriales tan específicas…

Sí, la parapoesía (se ríe).

¿La poesía se está muriendo?

No, qué va. Goza de buenísima salud. Todos esos cantautores y todas esas editoriales hacen que la poesía se mantenga viva, muy pegada a la juventud. Otra cosa es que consideremos que es buena o mala poesía. Durante la presentación de Contra el armisticio, el poeta Francisco José Martínez Morán lo llamaba, como decía antes, parapoesía. Eso ya es entrar en consideraciones sobre qué es buena poesía y qué es mala poesía. Resulta difícil decirlo, pero la buena poesía trata de trascender, trata de hacer pensar, trata de permanecer y envejecer bien. Y hay mucha poesía que se hace hoy por hoy que es poesía de carpeta… o de servilleta.

¿Como los famosos tuitpoemas?

Los famosos tuitpoemas sí… o las impresiones en tazas de Mr. Wonderful. Entonces, en realidad todo esto cae en la responsabilidad del lector. Es él el que escoge irse hacia la buena poesía o quedarse en lo fácil. En la presentación hablábamos de eso, vivimos en una sociedad de la transparencia, como dice Hann en su ensayo, lo fácil, lo transparente y lo que no tiene dobleces es lo más sencillo y lo que es de consumo rápido. No te hace pensar y, por lo tanto, se consume fácilmente sin darle vueltas a nada. Yo prefiero lo complicado, lo que me hace pensar y removerme. Y yo creo que ahí es donde está la buena poesía.

La gran discusión que tengo muchas veces es si realmente todos estos poetas y cantautores lo que están consiguiendo es que haya generaciones completamente apartadas de la poesía, porque esta se enseña de forma terrible en los institutos… si todos ellos logran acercar a un público joven a una forma de literatura. Hay gente que me dice que sí y lo que pienso es que si a un joven lo acostumbramos a darle sándwiches de jamón y queso, de digestión fácil, luego va a saber apreciar una merluza al horno, ¿no? Es un debate muy interesante del que no te puedo dar una respuesta definitiva, no me siento con la suficiente preparación. Pero, retomo, prefiero la poesía que es complicada.

“En los institutos se deja poco espacio para la imaginación”.

Ahora que ha hablado de la forma de enseñar poesía en el instituto, ¿por qué es tan terrible?

Porque se deja poco espacio a la imaginación personal, que creo que debe primar en la lectura de cualquier poema. Tú no lees un poema intentando averiguar qué es lo que te decía Gamoneda, lo lees para llevártelo a tu terreno, para hacerlo tuyo, para pensar en qué sensaciones te produce a ti, qué recuerdos te evoca… y todo eso en el instituto no se aprende. Se enseña que Cavafis tiene una solo lectura y la respuesta de tu examen tiene que ser lo que el profesor te dice y no te puedes apartar de ahí. Entonces, matan un poco la creatividad. La interpretativa, también.

Hay una gran crítica en España hacia lo memorística que es la educación, ¿está a favor?

No, no. Me refiero únicamente a poesía. Hay una parte memorística en la enseñanza que se debe conservar…

¿Como Historia?

Sí, Historia, por ejemplo. O Derecho. Hay que trabajar la memoria, aunque cada vez sea menos necesario porque tenemos Wikipedia y Google. Pero es muy importante practicarla, la memoria es una de las cualidades del ser humano que evita que cometa los mismos errores.

Antes mencionaba la preparación de un poeta, ¿hace falta saber para escribir poesía?

No… no lo creo. Aunque sí pienso que a medida que lees poesía y sabes más sobre estructuras, sobre cómo escriben otros poetas o poetisas, qué juegos, reflexiones… enriquece mucho tu manera de escribir. No creo que la mayoría de poetas que ahora mismo estén empezando, que son muy jovencitos, con 13 años, se hayan parado antes a hacer grandes estudios líricos. Sin embargo, si quieres ser un gran poeta tienes que leer mucha poesía y sobre qué es la poesía.

Una vida llena de poesía

P: ¿Cuál fue su primer contacto con la poesía?

Pues fue muy jovencito, porque mi madre era, bueno, es profesora de Lengua y me leía poemas muy sencillos de Bécquer, de Espronceda, de Góngora… me contaba los duelos que tenían unos y otros, me los explicaba. Ese fue el primer contacto que tuve.

En la presentación habló de poetillas, ¿quiénes son?

Son toda esa gente que se conforma con hacer versos fáciles que caben en un tuit, que quedan muy bien en una taza y una servilleta. Con fórmulas muy fáciles y digeribles. Esos son los poetillas, gente que no trata de complicarse la vida y la forma de escribir.

¿En qué momento utiliza el término sexting para un poema desde su punto de vista?

A veces, me gusta tomarme muy poco en serio, creo que es algo que hago mucho. El poema era una manera de plasmar los tiempos raros en los que vivimos. No deja de ser curioso que, si en algún momento, un arqueólogo de la Red, como plantea Daniel Tubau, se pone a investigar dentro de dos siglos los historiales de Internet… qué mirará, qué encontrará. Me llamó mucho la atención y me parecía divertido escribir sobre eso. Y sobre todo, me dio la excusa para escribir un poema altamente erótico. Al final, el poema es de un intercambio sexual en una pareja y cómo es su lascivia, su libido… y bueno, me parecieron dos buenos puntos. Por un lado, el cuerpo y el erotismo. Y por otro lado, ese erotismo desde la perspectiva de un historiador: qué verá de nosotros, qué quedará de un amor erótico dentro de un siglo.

“España no es un país en el que nos tomemos las cosas en serio”.

Entonces, ¿siempre hay un momento para relajarte?

Claro, hacer poesía sencilla o asequible no está tan relacionado con que sea una compleja, como con la voluntad de llevarte a la reflexión. Puedes escribir de una manera muy simple y que el contenido reflexivo sea enorme. Mira a Albert Camus con El Extranjero. Camus en esa novela utiliza un lenguaje sencillo: sujeto, verbo y predicado. Sin embargo, te remueve. No está reñida una cosa con la otra.

¿En la actualidad, la sociedad se toma las cosas demasiado en serio?

Yo creo que… que por momentos. España no es país en que nos tomemos las cosas en serio. Es parte del gran problema de España, nos gusta el chascarrillo en el bar y la broma fácil. Porque, si nos tomásemos las cosas en serio, aquí habría pasado algo más grave, ¿no? Tenemos un partido en el Gobierno acosado por docenas, veintenas de casos de corrupción, y en la oposición otro partido en la misma situación. No se ha hecho absolutamente nada en este país… o al menos muy pocas cosas con sensatez desde hace varias décadas. Y lo que salva a nuestros responsables políticos es que el español prefiere contar un chiste y tomarse una caña antes que salir y protestar por algo. Pero a veces pienso que también nos salva a nosotros, porque si nos tomásemos todo esto en serio acabaríamos muy desesperados porque la situación es bastante frustrante y decepcionante.

Usted tiene una gran experiencia en el periodismo, ¿cómo ve el periodismo español en la actualidad?

Veo que está en una encrucijada y en un momento muy apasionante. El periodismo como mejor se practica es cuando uno es completamente libre. Esto implica que no vas a depender de ninguna empresa que te pague un sueldo y que te pueda dictar hacia dónde tiene que ir su línea editorial. Ese modelo de periodista libre implica a un freelance, y sabemos todos cómo están las cuotas de autónomos en este país. Sin embargo, creo que ahí está el verdadero periodismo, en el periodista que no se ata a un solo medio y que trabaja para varios y es apreciado por la información de agenda que puede aportar. Al mismo tiempo, creo que el periodismo está en un momento muy difícil económicamente. La publicidad en Internet en España es ridícula, comparado con otros países como Reino Unido, complica mucho la supervivencia de los medios que están intentando buscar la suscripción. Eso es muy complicado, y se puede ver en una clase de Periodismo, ¿cuántos están suscritos a Spotify y cuántos a un periódico?

Ahora con las nuevas tecnologías, ¿el papel está muriendo?

No lo creo, llevamos mucho tiempo diciendo que el disco iba a morir, que el papel también… al final, los formatos clásicos siguen teniendo un público que aprecia el placer lento de la lectura. El coger un libro, abrir un disco, leer un periódico… forma parte de una mentalidad que todavía tiene muchos seguidores en la sociedad actual. Puede que haya bajado mucho el consumo, pero soy muy optimista. No creo que vaya a morir, siempre se mantendrá como un objeto de colección.

Es decir, ¿se debe comprar su libro en papel?

Lo poesía siempre debe leerse en papel (se ríe).

¿Por qué…?

Porque se tiene que subrayar. Hay que tomar nota, volver a ella constantemente. Y es muy difícil en un formato digital. De hecho, creo que, en el mundo literario, la parte digital ha sido menos desarrollada. Aparte de los grandes movimientos financieros de las editoriales, porque el lector al que le gusta leer, le gusta tener el libro en la mano. Pasar la página, doblarla, anotarlo… hacerlo suyo. Yo soy muy poco de respetar el libro. Lo doblo, lo subrayo, tomo nota; esto da vida a un libro y lo hace tuyo. Por eso es importante para la poesía.

Solo falta prosa

Contra el armisticio es su tercer libro. ¿Está pensando ya en el cuarto? Se podría considerar exclusiva…

No, no (se ríe). Siempre estoy escribiendo algo, pero nunca sé hasta mucho más adelante hasta dónde voy a ir con ello. Me queda la espinita de la prosa, aunque he publicado muchas cosas en un blog y que algún día me gustaría recoger en un libro. Pero me gustaría una novela, por la disciplina, la constancia y la documentación que requiere. Y en la poesía, ahora mismo, es demasiado pronto para decirte si voy a ir hacia un sitio. Tengo una idea, pero es demasiado pronto y se te la cuento… la chafaré.

“Contra el armisticio es un libro muy combativo”.

¿Por qué el título de Contra el armisticio?

Siempre he pensado que la poesía es un reducto de resistencia frente a la realidad y, al mismo tiempo, se da la paradoja porque se utiliza la realidad para combatirla. Es una especie de declaración de intenciones (el título del libro), que es un contenido muy combativo y que muchas veces señala con el dedo y no recula frente a lo que nos está pasando como sociedad. Para mí mismo es una especie de hacia delante.

¿A qué se refirió durante la presentación cuando dijo que la poesía debe saber envejecer?

Hice la reflexión sobre todo de cara a los poemas que yo mismo había escrito en mi primer libro. Una buena obra de arte envejece bien, ¿qué quiere decir? Que se sostiene con el paso de los años y su discurso no queda anticuado o no queda supeditado a una época en concreto. Creo que un buen poema es aquel que se escribió hace tres siglos y sigue teniendo vigencia a lo largo de los siglos… o de los años, no seamos muy ambiciosos.

¿Cree que la falta poesía a la sociedad?

Si tenemos en cuenta que la poesía es una manera de observar la vida de una forma más sosegada y reflexiva, creo que sí. Que le falta poesía en ese sentido, saber sentarse y apreciar los pequeños detalles, sean bonitos o amargos. “Esta ciudad huele a tubo de escape”, pensar eso, requiere sentarse y reflexionar antes de coger el coche y atascarse en la M-40.