Ángel Barahona: “Las ciencias deben dialogar con las humanidades”

El doctor en filosofía cuenta el valor que tienen y lo que aportan la religión, la historia o las lenguas muertas.

Ángel Barahona, doctor en Filosofía y director del departamento de Formación Humanística de la Universidad Francisco de Vitoria, aporta un punto de vista en contra de lo “pragmático” y responde a cuestiones como si podrán resurgir las humanidades, qué grado de importancia tienen en la actualidad o la visión de los jóvenes sobre estas.

¿Qué son las humanidades? ¿Qué engloban?
Es una forma de ver el mundo, abierta a la razón, a la comprensión del universo, abierta a la filosofía, al pensamiento clásico, al arte. Es una especie de cosmovisión renacentista de las cosas, lo que pasa es que la connotación que tienen las humanidades en nuestra universidad y en el contexto actual es la de una especie de información cultural global total, que engloba todos los aspectos del conocimiento humano a los que el hombre no puede estar cerrado porque creemos que todo el conocimiento en realidad no puede ser fragmentado, no puede ser que uno no sepa nada de física, nada de teología, nada de ética, todo tiene que estar integrado y no se puede fragmentar porque eso afecta a la hora de entender el mundo, se tiene que entender como una totalidad.

¿Por qué la mayoría de los jóvenes rechazan las Humanidades?
Pues porque vivimos en una cultura eficacista, pragmatista, en la que creemos que si se consigue un título para tener una profesión inmediatamente se entra en el mundo laboral, ganar dinero, aprovechar el tiempo, y eso se consigue ahorrando tiempo y es un error porque la formación es mucho más enriquecedora, lleva más a la libertad, a la plenitud, al hecho de que tenga una amplitud de miras o perspectivas para enfrentarse al mundo. Realmente, las metas inmediatas que se quieren conseguir de forma muy inmediata valen muy poco y nos cansan rápido, se convierten en rutina, aburren, y el hombre necesita más. Por ejemplo, la cantidad de alumnis (antiguos alumnos) que se quieren integrar de nuevo para seguir una formación permanente, descubrir nuevas cosas. Se dan cuenta de que adquirir unas herramientas, unas habilidades para tener una profesión no es suficiente.

¿De qué manera se puede motivar a los jóvenes?
Lo que aburre es la rutina, el dedicarse a trabajar durante horas y horas sin saber por qué haces las cosas o pensando que simplemente las haces para conseguir dinero y consumir cosas, consumir fines de semana, consumir tiempo, no pensar para que el tiempo no te lleve a pensar cosas trascendentales y no encuentres respuesta. Entonces se trata de llenar de experiencias, de sensaciones, por tanto, lo que aburre es esa forma de vida abocada a lo laboral, a lo pragmático porque las Humanidades son lo más divertido que existe, es decir, es la búsqueda y la investigación permanente, el abundar en los mundos que la humanidad ha ido buscando para dar sentido a su vida como el arte, la literatura, el viaje, la cultura, las emociones, la expresión poética y teatral, las humanidades son todo eso y también la ciencia porque son una tarea, una aventura divertidísima, siempre y cuando en lugar de cerrarte a ver el mundo de una manera microscópica te abra a verlo de una forma macroscópica.

¿El sistema educativo español tiene parte de culpa al suprimir o restar importancia a asignaturas con valor humanístico?
Exactamente, si te das cuenta la evolución que han ido tomando las últimas leyes en educación del Bachillerato, han ido yendo a la profesionalización y ya empiezan a especializar desde el Bachillerato cuando uno todavía no sabe nada sobre la riqueza de la literatura, el arte, la cultura española o en general, o no sabe idiomas o solo sabe idiomas pragmáticos para cuando vaya a trabajar y que sepa solo inglés, pero ni latín, ni griego, ni italiano, ni francés, ni apertura al mundo. Una perspectiva muy cerrada es empobrecedora y eso no puede ser. A medida que hemos ido avanzando en el mundo universitario, la especialización ha ido acabando con el espíritu humano de querer entender, de querer descubrir, enamorarse de todo, abrirse a todo, y nos hemos ido estancando en determinadas lagunas, y cuando el agua se estanca, se pudre.

¿El universitario debe formarse según las Humanidades?
Las humanidades no tienen que ser la especialización, para nosotros tienen que ser la base fundamental en la que se ancla todo, encajar el mundo de la física, de la biología, de la arquitectura o del arte en un contexto global y es la tendencia de las grandes universidades. Se están abriendo de nuevo a un pensamiento creativo. La cuestión es entablar relación entre cosas que parece que no tienen relación y crear algo nuevo, y lo nuevo siempre está en la relación y ese es el que tiene una amplia cultura.

¿Se puede conocer la verdad a través de las Humanidades?
Eso es de lo que se trata, de ponernos en camino, seguirlo no lo sé, pero la aventura está en el camino como decía Kavafis en el poema de Ítaca, la aventura del Ulises (el aventurero) hoy en día está en el camino a Ítaca de retorno y no en la meta que consiga de volver de nuevo a su país y sentirse seguro, es verdad que tendemos a la seguridad y pensamos que la vida es eso, pero la vida es dinamismo, perpetuo movimiento, desinstalación, romper barreras, esto es lo que caracteriza a un joven.

Hay una línea muy estrecha entre la verdad y la realidad, ¿esta última se encuentra en las Humanidades? ¿O necesita complementarse con la ciencia?
Las humanidades no van a ningún sitio solas, pero las ciencias tienen que dialogar también con las humanidades. Stephen Hawking decía en su libro Historia del Tiempo lo que muchos físicos y científicos de altura, no los tecnólogos, que se dedican a su instrumentalización, que realmente las grandes preguntas de la física o de las matemáticas son filosóficas y que a la física le quedaban 10 años para dejar de ser ciencia y convertirse en filosofía. El pensamiento filosófico es muy crítico y dinámico, está abierto siempre a permanente diálogo con la ciencia, pero la ciencia tiene que saber con humildad que cuanto más sabe, sabe menos. Queremos saber hasta dónde llegan los límites de su conocimiento y dónde nosotros podemos trascenderlas.

¿Puede compaginarse la ciencia con la religión?
Absolutamente, no son incompatibles. Una buena ciencia no se contradice, todo lo contrario, se complementa. Una mala religión no sirve para nada, una buena religión tiene que tener un pensamiento filosófico, metafísico, teológico, que esté dispuesto a dialogar con la ciencia. No son maneras de ver el mundo absolutamente incompatibles, nada de eso, se necesitan mutuamente porque el hombre tiene un anhelo de ir más allá que no se explica desde el punto de vista del reduccionismo cientifista. La ciencia tiene un límite y no puede ir más allá, se ve limitado por lo empírico. En absoluto son incompatibles, hay que ponerlas en diálogo.

¿Por qué debe conocerse el latín o el griego antiguo? ¿Qué aportan?
A un médico o a un técnico no se le escapa que casi toda la nomenclatura es griega. Ayuda muchísimo a organizar el mundo el conocer una lengua, enriquece nuestra forma lógica de pensar, todo nuestro sistema de pensamiento es la lógica griega y la estructura gramatical griega es la esencia de nuestro pensamiento discursivo, de nuestra argumentación. Luego, el latín es nuestra cultura, es nuestra estructura mental, no se puede entender nada sin etimologías. El hombre siempre es el buscador del origen.

¿Qué grado de importancia tiene para cualquier persona conocer la historia?
El que no conoce la historia está condenado a repetirla. Los hombres que olvidan qué ha pasado o que no lo saben, cómo sucedió aquello que nos pareció aberrante, repiten una y otra vez los mismos esquemas porque el hombre es constitutivamente uno. El hombre es uno, lo que es diverso es la forma en la que se adapta a una cultura, la forma en la que usa un cuchillo o cómo maneja una lengua. El hombre es mimético, repite esquemas, aprende copiando, imitando. Hemos aprendido el comportamiento de nuestros mayores y lo que nos enseñaron ellos sin saber que nos lo enseñaban lo volvemos a repetir, entonces la violencia, nuestras relaciones culturales, la sexualidad, nuestros miedos… tal vez inconscientes, pero que hay que sacar al consciente y eso es la historia, para que no vuelva a repetirse un Auschwitz, que no sea posible un gulag y que no se vuelva a repetir un mundo soviético, de un estado totalitario que nos conculque la libertad. Eso no se puede tolerar. No hay que olvidar qué pasó en la URSS, qué pasó en el nazismo, en el fascismo, y cómo la democracia comete errores. La única forma de estar alerta es conociendo el pasado.

Desde su punto de vista, hay muchos argumentos para entender, motivar y para que interesen las Humanidades, por tanto, ¿el problema es de los jóvenes?
No, el problema no es de los jóvenes, sino que los adultos no lo sabemos transmitir y no lo sabemos hacer bien. Hay algunos que tenemos una visión más cerrada, más personalizada, llegar donde nosotros estamos y adonde está el alumno. La culpa la tenemos nosotros, que no sabemos transmitir la tradición, porque sin esto no hay creatividad, pero, ¿cómo se transmite la tradición? ¿Con dogmas? ¿Con leyes? ¿Imponiendo criterios? No, la pedagogía tiene que ser dialógica.

¿Podrán resurgir las Humanidades?
No solo que podrán, sino que va a ser necesario. Las universidades se están dando cuenta de que hay que implementar las humanidades, hacer a la gente pensar, porque este sistema educativo especializado lo que ha hecho ha sido convertirlos en máquinas, en una especie de neomarxismoneoapitalista donde tú no eres más que la pieza de engranaje de producción. Pero la vida tiene una responsabilidad, un valor, que lo ético es esencial y que tienes que entrar en el pensamiento utópico, metafísico, porque por mucho dinero que ganes te pasará como al mundo occidental, que es hiperculto, materialista, capitalista y se suicidan como moscas, el índice más alto de suicidios lo tienen los países desarrollados, científicos, amantes de la tecnología.