¿Cuándo nos volvimos tan impasibles?
No puedo más que quedarme atónita ante la actitud inconmovible a la que hemos llegado. Qué tiene que pasar para que nos detengamos en nuestro frenético deambular.
Hemos aprendido que mirar hacia otro lado es mucho más fácil ¿Por qué complicarnos más? La vida ya es demasiado difícil como para prestar atención a los problemas ajenos, nos movemos como si estuviésemos jugando al pilla-pilla, intentando evitar el roce con cualquier cosa que suponga una alteración en nuestro organigrama. Hay que escabullirse como sea.
¿Deberíamos hacer todos un juramento hipocrático? Nadie se siente comprometido con nada y Dios le libre de tener que hacerlo. Me pregunto si sólo se sienten comprometidos con alguna causa aquéllos que están obligados a hacerlo (médicos, enfermeras…)
Cómo es posible que un ser humano se sienta indiferente ante el dolor y sufrimiento de otro ser vivo. Nuestro umbral de tolerancia del sufrimiento ajeno ha llegado a cotas tan altas que no somos capaces de modificar nuestro día a día porque se nos presente algo que nos importune.
Dando un paseo mi marido y yo hemos encontrado un gato que estaba agonizando debajo del coche que le había aplastado al aparcar. Después de llamar a policía, cicam, etc., hemos intentado que algún veterinario se hiciese cargo sin ningún resultado, entonces me pregunto ¿qué les movió a estudiar veterinaria? ¿No fue su amor por los animales? Quizás me olvidaba de un aspecto importante, sólo nos conmueve el dolor o enfermedad de la que podemos sacar algún provecho y ¿qué iban a sacar ellos de un gato callejero?
Deberíamos rectificar este camino que llevamos antes de que sea demasiado tarde. Debemos hacer un ejercicio de conciencia todos los días. Aunque tengamos que obligarnos porque al principio no nos salga del corazón. Si todos hiciéramos una acción altruista cada día cambiaríamos muchas cosas. Yo, como madre, deseo un mundo mejor para mi hijo y no voy a renunciar a este objetivo aunque me quede sola en el intento.