La noticia son las víctimas

Después de una semana en Bayona esperando lo inevitable, cuando esto se produjo, no pude evitar una amarga sensación de frustración. ¿Para qué tanto mal? A aquel Guardia Civil, a Fernando, le pillaron los pistoleros en una gasolinera junto a otro compañero que murió en el acto. La Democracia -representada en el peso de la Ley- acabó por vaciar las pistolas de los etarras. Ahora que tratan de recuperar protagonismo con su disolución por fascículos, solo me sale recuerdo para sus víctimas.

Es evidente que el comunicado de este viernes de ETA, en el que piden un perdón selectivo y reconocen “el daño causado” tiene un valor informativo evidente. Negarlo sería absurdo. Pero el periodista debe acertar al enfrentarse a noticias así. La búsqueda de la verdad es también una elección. En este caso, se trata de elegir el bien que representan las 853 personas asesinadas y sus familias, de acertar con el uso de las palabras y de no caer en la trampa de su relato.

“El perdón debe llevar asociada la reparación para poder ser tenido en cuenta”.

El perdón debe llevar asociada la reparación para poder ser tenido en cuenta. Así lo han dejado claro los obispos vascos en un comunicado que, situado al lado del de los criminales, no hace sino emponzoñar su discurso. El perdón de los prelados por “las complicidades, ambigüedades y omisiones” que la Iglesia y sus pastores cometieron es sincero. El comunicado de ETA perpetúa la teoría del conflicto según la cual ETA y el Estado fueron dos combatientes que pelearon durante años en una guerra sin vencedores ni vencidos. Los periodistas debemos estar alerta para no comprar ese discurso falaz. En el País Vasco (en toda España) no hubo guerra alguna, sino un grupo de criminales asesinado y secuestrando a inocentes.

Lo peor de lo vivido en los últimos meses en Alsasua, con todo, no es la brutal paliza a dos guardias civiles y a sus novias, sino el silencio cómplice de muchos que, viendo lo sucedido, miraron para otro lado. Lo de Alsasua es la posdata terrible de lo vivido en las calles del País Vasco durante décadas, donde los verdugos se convirtieron en héroes y las víctimas en culpables; donde las instituciones públicas miraron para otro lado. Una sociedad demuestra estar muy enferma cuando no es capaz de empatizar con el sufrimiento del inocente. Si ETA no hubiera existido, tampoco hubiera sucedido lo de Alsasua.

Hoy reconozco que me duele ver a ETA como sujeto de los titulares. Lo entiendo, es noticia, pero a veces los periodistas debemos posicionarnos. La búsqueda de la verdad nos obliga. El bien lo representa Fernando Trapero, ese guardia que murió tras una semana agonizando en Bayona, su compañero Raúl Centeno, Miguel Ángel Blanco, José Antonio Ortega Lara, Isaías Carrasco, Gregorio Ordóñez… ellos y sus familias forman parte del sustento moral de nuestra joven Democracia. Ellos son hoy, más que nunca, la verdadera noticia.