Sáenz de Santamaría y De Cospedal lucharán por el control del PP

A menos de una semana para el Congreso Nacional del Partido Popular, todas las miradas están puestas en las dos mujeres fuertes del partido, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, “las reinas del Gobierno”, según afirman desde el PP.

Soraya Saéz de Santamaría frente a María Dolores de Cospedal

Con la continuidad de Mariano Rajoy asegurada, todas las miradas están puestas en las dos mujeres fuertes del Partido Popular, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, “las reinas del Gobierno”, según afirman desde el PP.  A menos de una semana para el Congreso Nacional del Partido Popular, que tendrá lugar los días 10, 11 y 12 de febrero, todo parece indicar que Rajoy será reelegido como presidente de la formación que gobierna España, mientras ambas damas dirimirán en la sombra cuál toma el control de la organización.

Desde que Rajoy arrancara su segunda legislatura, el 31 de octubre, ha buscado el equilibrio entre ambas lideresas. El máximo mandatario las ha colocado como piezas fundamentales en la dirección del Ejecutivo, por lo que, a pesar de sus rencillas, están condenadas a entenderse. Las dos son inteligentes, astutas y, con estilos diferentes, conectan con la ciudadanía. Desde La Moncloa alaban que “miden muy bien sus pasos y conocen el fuego amigo”.

La capacidad de liderazgo de las dos ha provocado una división en el núcleo fuerte del partido entre los considerados sorayeros, los cosperos y los híbridos, que no se muestran partidarios de ningún bando. Ambos sectores se han mostrado críticos el uno con el otro: los cosperos han arremetido contra la vicepresidenta por su gestión del problema catalán y su diálogo con la Generalitat, mientras que los sorayeros censuran la acumulación de cargos de Cospedal: ministra de Defensa, secretaria general del PP y presidenta del PP en Castilla La-Mancha.

Sáenz de Santamaría mantiene la Vicepresidencia y la dirección del CNI, con respecto a la anterior legislatura, a la vez que ha ganado poder en competencias autonómicas, en un gesto claro del presidente de darle el control y la gestión de la situación en Cataluña. No en vano, Soraya es la ministra que más ha viajado a la Ciudad Condal, además de mantener un contacto fluido y continuo con Oriol Junqueras, número dos de Junts pel Sí en la Generalitat. Soraya aguanta el desafío soberanista “tendiendo la mano”, siempre dentro de la ley, con lo que se ha ganado la estima de gran parte del entrono político y el sector empresarial catalán.

Si bien, para muchos, la inclusión de Cospedal en la Cartera de Defensa fue una sorpresa, tras cien días de Gobierno, la Ministra no se ha quedado atrás. Llamativa fue su puesta en escena en su primera Pascua Militar, a la que asistió después de haber visitado a los tropas destinadas en Irak, Mali y Sicilia (Italia), actos con los que se ha ganado el respeto de las Fuerzas Armadas. Pero, sin duda, lo que la ha llevado a ser considerada en el entorno popular como la ministra “estrella” del Ejecutivo, ha sido su gestión de un tema tan comprometido como el del accidente del Yak-42. Dio un golpe de efecto tras la publicación del informe del Consejo de Ministros, en el que se responsabilizaba al Ministerio de Defensa de la tragedia.

A De Cospedal no le tembló el pulso para cortar los lazos con Federico Trillo, ministro cuando ocurrió la catástrofe. Lo apartó de la Embajada en Londres y posteriormente de la escena política, antes de acudir al Congreso a pedir perdón a las víctimas de parte del Gobierno. Además, la ministra no se quedó ahí y recibió a los damnificados junto a Rajoy, con los que se excusó personalmente.

Soraya y De Cospedal siguen y seguirán, después del Congreso Nacional, trabajando de la mano, mientras todo hace indicar que, en el seno del partido, las divisiones entre ‘sorayeros’ y ‘cosperos’ se irán acrecentando ante un futuro relevo de Mariano Rajoy de la Presidencia del partido, que como afirman desde Génova y Moncloa, será una lucha entre las dos “reinas del Gobierno”. Mientras tanto, ambas saben cómo ejercer sus funciones para contentar al máximo mandatario, desde una premisa muy simple: solucionan problemas en vez de crearlos.